"Los mejores momentos de la vida vienen por si solos. No tiene sentido esperarlos"
Compaginaba mi trabajo en el Bar Madrid con las clases de inglés en International House. Pero llevaba 9 meses en Londres y sentía que mi nivel de conversación avanzaba muy lentamente. Y como en Londres levantas una piedra y aparece un hispano parlantes, estaba siempre entre hispanos. Y de hablar inglés muy poco.
En la academia había un tablón de anuncios donde podías encontrar a gente que se ofrecía para intercambio de idiomas. Eché un vistazo y encontré los datos de un nativo inglés que buscaba intercambio de español. Así que le llamé y quedamos en la biblioteca.
Era un tipo alto y escuchimizado. Serio y aburrido como el solo, y con una pinta de hortera alucinante. Quedamos en vernos una vez por semana en la biblioteca, sesiones de una hora: media hora dedicada al español y media hora al inglés.
La primera sesión que tuvimos llegó con unos recortes de unas revistas especializadas en política y economía. Y me preguntó que significaban unos términos y frases hechas que había subrayado. Era Jerga política y macro económica que yo ignoraba por completo. Le dije que este tipo de jerga no era usual encontrarla en el día a día. Pero el estaba obsesionado con ello.
Su interés por el léxico español era más que un hobby, era una obsesión. Sabía más español que yo. Me lo imaginaba toda la noche sin dormir, pensando en el significado de estos vocablos que probablemente no se los volvería a encontrar en toda su vida.
Al finalizar nuestro encuentro quedamos en que nos llamaríamos para quedar la próxima vez. Ni yo le llamé ni el me llamó. Fue algo mutuo.
Una semana más tarde decidí probar suerte otra vez. Esta vez encontré un anuncio de una tal Sally que era profesora de Francés pero inglesa. Y buscaba intercambio de español.
Hablamos por teléfono y quedamos en encontrarnos a la salida de metro de Highbury Islington, a las 8 de la tarde. Me dijo que era rubia con el pelo corto y que llevaría una chaqueta azul, yo le dije que era bajo y llevaría una mochila roja.
Eran las ocho y cinco y allí estaba yo, a la salida de la estación buscando entre la multitud a Sally. Pregunté a un par de chicas que coincidían con la descripción y que parecían estar esperando a alguien, pero no era ninguna de ellas.
Por fin una chica de unos treinta y pocos años se me acercó y me preguntó si era Nacho, y yo como buen gallego, le respondí preguntándole si era Sally.
Total, que nos fuimos al pub que había al lado de la estación.
Sally resultó ser una mujer muy afable, divertida e interesante. Impartía clases de francés e inglés en International House. Y en sus ratos libres estudiaba español. Tenía un nivel bastante avanzado, así que podíamos hablar de cualquier cosa.
Era muy activa y tenía una gran carrera profesional. Viajaba a menudo a Madrid, donde tenía amigos en el campo de la enseñanza.
La primera cosa que me sorprendió de ella, fue que era una gran amante de la cerveza. Mientras yo me bebía una pinta, ella se bebía dos. Y siempre hacíamos nuestro intercambio en el pub. Las tardes que quedaba con ella, llegaba a casa alegre y achispado. Cuando Juan me veía llegar, sonreía me decía: "¡Que!, hoy has quedado con sally, ¿no?"
Nos vimos durante varios meses, durante los cuales nos hicimos muy amigos.... si ya sé lo que estáis pensando. Pero si, solo amigos.
Después, a finales del verano del 97, yo me fui al sur de Inglaterra durante una larga temporada. Tenía su dirección y teléfono, poro los acabé perdiendo. Desde entonces no he vuelto a saber nada de ella.
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lunes, 13 de abril de 2009
martes, 31 de marzo de 2009
18- EL BAR MADRID, INTERNATIONAL HOUSE Y EL BAR PEPE
"Haz lo que puedas con lo que tengas, estés donde estés" (Theodore Roosevelt)
Empecé a trabajar en el Bar Madrid a finales del año 96, recomendado por Antón, que trabajaba allí.
El Bar Madrid es un bar de copas que está en Winsley Street, una boca calle de Oxford Street.
Nuestro horario era de 10 de la mañana a 6 de la tarde, y de lunes a viernes. Éramos cuatro personas encargadas de la limpieza y mantenimiento de las instalaciones: Yo, Antón, Eugenio y Jack.
Jack era el chapuzas, encargado de arreglar todo lo que se estropeaba: luces, altavoces, puertas, grifos, bisagras, etc. Las cosas se rompían y estropeaban continuamente, precisamente porque él las había arreglado. a veces se tiraba una mañana entera para poner un azulejo en la pared o cambiar un enchufe.
Y yo, Antón y Eugenio, éramos los encargados de limpiar el local, y dejarlo listo para la noche. Teníamos que hacer esto en 8 horas, cosa bastante difícil porque era una tarea de 2 o 3 horas que teníamos que prolongar.
Yo me entretenía bastante con Jack, echándole una mano con sus chapuzas. Sujetándole alguna bombilla o tornillo. Y de paso practicaba inglés, ya que él era autóctono.
Eugenio era de Cartagena, y llevaba poco trabajando allí. Vivía en una residencia enttag Swiss Cottage. Enseguida hice buenas migas con él cuando descubrí que, la música que escuchaba en aquellos auriculares de los 90, era de Rosendo.
Poco después de empezar en el Bar Madrid, comencé a ir a clases de inglés tres veces por semana, después del trabajo.
Iba a una academia fantástica que estaba en Green Park: "International House". Eran unas clases muy económicas impartidas por profesores en prácticas. Fui asiduo de esta academia durante 3 meses, en los que conocí a gente estupenda. En la clase a la que iba, éramos unos 14 o 15, entre los cuales sumábamos unas 10 nacionalidades distintas.
Había uno que era de "Djibouti", un pequeño país, perdonad mi ignorancia, del que yo nunca había oído hablar. Que esta entre Somalia y Etiopía, y bañado por el mar Rojo.
Las clases normales en "International House", eran más caras, y la mayoría de los estudiantes eran japonesas provenientes de familias adineradas, que vivían en pisos de lujo compartidos.
Cada dos semanas se organizaba una fiesta en la cantina, donde estudiantes y profesores comfraternizábamos.
También, en esa época conocí el Bar Pepe, que está en una callejuela escondida cerca de Tottenham Court road. Hoy en día es un garito bastante conocido entre la comunidad hispana. Y durante el fin de semana esta siempre abarrotado entre las 2 y las 5 de la mañana. Pero en el año 96 era otra cosa.
La primera vez que fui al Bar Pepe, Era, creo que un viernes a las 3 y media de la madrugada. Estábamos, yo, Eugenio, y alguien más. Habíamos quedado con Agustín, que trabajaba de barman en el Bar Madrid. Nos dijo que sabía de un sitio en el centro para ir a tomar la última. Y que aún permanecía abierto cuando todos los bares de copas cerraban.
Así que nos fuimos a un tal Bar Pepe. Nos metimos por una callejuela poco iluminada y nos paramos frente a una puerta. Pero allí no había ningún bar. Agustín pulsó el botón del portero automático y una voz preguntó quien era, él le dio su particular contraseña y la puerta se abrió.
Recorrimos un estrecho pasillo hasta llegar a unas empinadas escaleras de caracol que conducían a un sótano. Abajo había una especie de barra y dos áreas a diferentes niveles, con una mesa en cada zona. Y en una esquina un baño diminuto y muy precario, en el que apenas cogía una persona. Y para cerrar y abrir la puerta desde dentro tenías que ser un contorsionista.
Todo el local tendría unos 40 metros cuadrados. La salida de incendios era una trampilla en una esquina del techo, a la que sea accedía mediante una escalera metálica apoyada en la pared.
En una de las mesas había unos personajes de avanzada edad jugándose el dinero al pocker. Fumaban sin parar y bebían cerveza San Miguel.
El Barman era Pepe, un gallego menudo que tendría unos 50 años. Usaba botas de cuero y tacón alto (sin espuelas), un chaleco de cuero negro y unos vaqueros ajustados. Era un individuo muy agudo y divertido, con un toque de chulería.
Después estaba Gregorio, un andaluz corpulento, con una gran panza y un gran bigote. Digamos que era el encargado del control de accesos al local. Aunque cuando le vi por primera vez, pensé que era un parroquiano que había bebido más de la cuenta, porque estaba sentado a una mesa con la cabeza y los brazos desplomados sobre ella, y durmiendo la mona. Pero a las seis y media, más o menos, se despertaba repentinamente y vociferando y tocando las palmas echaba a todo el mundo del local:
- "¡Venga, coño, a emborracharse a vuestras casas, que ya está bien, hombre!"
Una vez, una amiga nuestra se sentó en el regazo de Eugenio, porque no había sitio a la mesa para todos. Y Gregorio se les acercó todo cabreado y les dijo en voz alta:
- "¡Oye, si queréis follar, a vuestra casa eh... Aquí nada de cosas raras...!"
Pero como ya he dicho antes, ahora el Bar Pepe es otra cosa. Ya no se va allí a jugar al pocker, ahora es un bar de copas muy concurrido. En la entrada hay dos tipos para controlar el acceso. Y Pepe ya no trabaja allí.
Advertencia: El Bar Pepe no es apto para claustrofóbicos.
Empecé a trabajar en el Bar Madrid a finales del año 96, recomendado por Antón, que trabajaba allí.
El Bar Madrid es un bar de copas que está en Winsley Street, una boca calle de Oxford Street.
Nuestro horario era de 10 de la mañana a 6 de la tarde, y de lunes a viernes. Éramos cuatro personas encargadas de la limpieza y mantenimiento de las instalaciones: Yo, Antón, Eugenio y Jack.
Jack era el chapuzas, encargado de arreglar todo lo que se estropeaba: luces, altavoces, puertas, grifos, bisagras, etc. Las cosas se rompían y estropeaban continuamente, precisamente porque él las había arreglado. a veces se tiraba una mañana entera para poner un azulejo en la pared o cambiar un enchufe.
Y yo, Antón y Eugenio, éramos los encargados de limpiar el local, y dejarlo listo para la noche. Teníamos que hacer esto en 8 horas, cosa bastante difícil porque era una tarea de 2 o 3 horas que teníamos que prolongar.
Yo me entretenía bastante con Jack, echándole una mano con sus chapuzas. Sujetándole alguna bombilla o tornillo. Y de paso practicaba inglés, ya que él era autóctono.
Eugenio era de Cartagena, y llevaba poco trabajando allí. Vivía en una residencia enttag Swiss Cottage. Enseguida hice buenas migas con él cuando descubrí que, la música que escuchaba en aquellos auriculares de los 90, era de Rosendo.
Poco después de empezar en el Bar Madrid, comencé a ir a clases de inglés tres veces por semana, después del trabajo.
Iba a una academia fantástica que estaba en Green Park: "International House". Eran unas clases muy económicas impartidas por profesores en prácticas. Fui asiduo de esta academia durante 3 meses, en los que conocí a gente estupenda. En la clase a la que iba, éramos unos 14 o 15, entre los cuales sumábamos unas 10 nacionalidades distintas.
Había uno que era de "Djibouti", un pequeño país, perdonad mi ignorancia, del que yo nunca había oído hablar. Que esta entre Somalia y Etiopía, y bañado por el mar Rojo.
Las clases normales en "International House", eran más caras, y la mayoría de los estudiantes eran japonesas provenientes de familias adineradas, que vivían en pisos de lujo compartidos.
Cada dos semanas se organizaba una fiesta en la cantina, donde estudiantes y profesores comfraternizábamos.
También, en esa época conocí el Bar Pepe, que está en una callejuela escondida cerca de Tottenham Court road. Hoy en día es un garito bastante conocido entre la comunidad hispana. Y durante el fin de semana esta siempre abarrotado entre las 2 y las 5 de la mañana. Pero en el año 96 era otra cosa.
La primera vez que fui al Bar Pepe, Era, creo que un viernes a las 3 y media de la madrugada. Estábamos, yo, Eugenio, y alguien más. Habíamos quedado con Agustín, que trabajaba de barman en el Bar Madrid. Nos dijo que sabía de un sitio en el centro para ir a tomar la última. Y que aún permanecía abierto cuando todos los bares de copas cerraban.
Así que nos fuimos a un tal Bar Pepe. Nos metimos por una callejuela poco iluminada y nos paramos frente a una puerta. Pero allí no había ningún bar. Agustín pulsó el botón del portero automático y una voz preguntó quien era, él le dio su particular contraseña y la puerta se abrió.
Recorrimos un estrecho pasillo hasta llegar a unas empinadas escaleras de caracol que conducían a un sótano. Abajo había una especie de barra y dos áreas a diferentes niveles, con una mesa en cada zona. Y en una esquina un baño diminuto y muy precario, en el que apenas cogía una persona. Y para cerrar y abrir la puerta desde dentro tenías que ser un contorsionista.
Todo el local tendría unos 40 metros cuadrados. La salida de incendios era una trampilla en una esquina del techo, a la que sea accedía mediante una escalera metálica apoyada en la pared.
En una de las mesas había unos personajes de avanzada edad jugándose el dinero al pocker. Fumaban sin parar y bebían cerveza San Miguel.
El Barman era Pepe, un gallego menudo que tendría unos 50 años. Usaba botas de cuero y tacón alto (sin espuelas), un chaleco de cuero negro y unos vaqueros ajustados. Era un individuo muy agudo y divertido, con un toque de chulería.
Después estaba Gregorio, un andaluz corpulento, con una gran panza y un gran bigote. Digamos que era el encargado del control de accesos al local. Aunque cuando le vi por primera vez, pensé que era un parroquiano que había bebido más de la cuenta, porque estaba sentado a una mesa con la cabeza y los brazos desplomados sobre ella, y durmiendo la mona. Pero a las seis y media, más o menos, se despertaba repentinamente y vociferando y tocando las palmas echaba a todo el mundo del local:
- "¡Venga, coño, a emborracharse a vuestras casas, que ya está bien, hombre!"
Una vez, una amiga nuestra se sentó en el regazo de Eugenio, porque no había sitio a la mesa para todos. Y Gregorio se les acercó todo cabreado y les dijo en voz alta:
- "¡Oye, si queréis follar, a vuestra casa eh... Aquí nada de cosas raras...!"
Pero como ya he dicho antes, ahora el Bar Pepe es otra cosa. Ya no se va allí a jugar al pocker, ahora es un bar de copas muy concurrido. En la entrada hay dos tipos para controlar el acceso. Y Pepe ya no trabaja allí.
Advertencia: El Bar Pepe no es apto para claustrofóbicos.
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BIOGRAFÍA
sábado, 21 de marzo de 2009
17- PERIPECIAS DEL EDU EN LONDRES
"EL HOMBRE QUE SABE CON SEGURIDAD A DONDE QUIERE LLEGAR, EL MUNDO ENTERO SE APARTA PARA DEJARLO PASAR" (Antoine de Saint-Exupéry)
A principios del 96, Edu trabajaba en un MacDonald´s que estaba en Oxford Street. Lo hacía para cubrir sus gastos de alquiler, comida y transporte. Ya que él no había venido a Londres para trabajar, sino para aprender Inglés y hacer un master. Lo que pasa que la vida es dura.
Se levantaba todos los días a las 6:30 de la mañana, y se iba a voltear McPollas, que era como él llamaba a las hamburguesas del MacDonald's.
Este trabajo lo tenía bastante quemado, no por estar cerca de la plancha, que también. Sino porque estaba en pleno Oxford Street. Posiblemente el MacDonalds más concurrido de la ciudad.
Eduardo era un tipo muy tranquilo y sosegado, pero cuando sonaba el despertador por la mañana, maldecía a diestro y siniestro durante los primeros minutos del día. Luego se tomaba el resto del día con filosofía.
Yo dormía en la litera de arriba y me hacía mucha gracia cuando se despertaba y se ensañaba con el despertador, especialmente cuando yo no tenía que madrugar, durante el fin de semana.
Un día que yo tenía que madrugar, como revancha por mis cachondeos, Edu escondió mi despertador encima del armario, en medio de un amasijo de cajas y objetos. Y cuando el insoportable pi..pi...piii... me despertó, me volví loco para encontrarlo. Ahora era yo el que maldecía, mientras Edu e Iván se desencajaban la mandíbula en el salón. Nos gastábamos bromas de este tipo muy a menudo.
Un sabado por la mañana, Edu se levantó como de costumbre para ir al tajo. Pero dos horas más tarde estaba de regreso, el tío.
Le pregunté que le había ocurrido. Y me dijo que cuando salió de la boca del metro en Oxford Circus, y vio el cuantioso gentío que salía del metro y atiborraba las calles, pensó:
" Toda esta gente se va de compras, y con la cantidad de tiendas y grandes almacenes que hay, van a necesitar toda la mañana, al final se cansarán y les entrará el hambre, ¡claro!. Entonces se irán al MacDonalds a pedir el puto MacPollas que a mí me toca hacer. ¡Anda ya....!
Así que, presa del pánico, se dio media vuelta y regresó a casa. Dijo que no iba a trabajar en el MacDonalds nunca más, que ya encontraría otra cosa. Ni siquiera se pasó por allí para despedirse.
Pero una semana más tarde, cuando vio que se le acababa el dinero y aún no había encontrado otra cosa, se fue al MacDonald's a intentar recuperar su trabajo.
Cuando su supervisor lo vio se puso como una fiera, y le preguntó pero que coño había pasado, como había desaparecido sin decir nada, y que si pretendía recuperar su trabajo, estaba muy equivocado.
Pero Eduardo se invento un gran drama, y le dijo que tuvo que coger el primer avión a España, sin tiempo para avisar. Para colmo le habían robado la mochila donde tenía la cartera, donde guardaba el numero del trabajo, y bla...bla....bla..... Y que lo sentía enormemente.
Total que el supervisor se tragó la película y se le ablandó el corazón: "Bueno, te daré otra oportunidad" -le dijo.
Ese mismo día empezó a trabajar, pero al día siguiente cambió de opinión y no volvió. Increíble pero cierto.
Una semana más tarde, Edu empezó a trabajar en el mismo hospital en que trabajaba Iván y Juán.
No sé si era Iván o Juan, el que se suponía que le tenía que mostrar sus tareas. Que básicamente consistían en técnicas de escaqueo.
Allí, Edu se labró una reputación como trabajador infatigable. El día en que llegó a casa y nos contó:
-"Ostras, hoy la manager (supervisora) me pilló in fraganti. Todo comenzó cuando me dijeron que tenía que limpiar una sala con varias camas en el quinto piso. Así que para allá me fui. Pero a los cinco minutos me entró el sueño, ya que ayer estuve de juerga y no había dormido casi nada. Cerré la puerta, moví una cama que estaba pegada a la pared y me senté en el suelo entre la cama y la pared. Al rato me quedé dormido. Entonces escuché el ruido del cubo metálico que puse detrás de la puerta, como posible aviso por si alguien entraba. Me incorporé sobresaltado agarrando con mis manos lo primero que pillaron, que era un espray en una y un paño en la otra. Me quedé rojo como un tomate cuando vi a la manager frente a mí, con cara desconcertante.
Y de repente, se me acerca y me dice que muy bien, que todos deberían ser como yo. Que gran trabajador era que hasta movía las camas para limpiar detrás, cosa que a nadie se le pasaba por la cabeza.
Y al verme tan rojo, me dijo que no me esforzara tanto, que me lo tomase con calma. Y que me fuera a tomar un café, que bien merecido me lo tenía..."
Cuando escuchamos su historia, de la forma irónica que solo él la podía contar, se nos saltaban las lágrimas de la risa.
Más tarde trabajajó en la cafetería del museo de la ciencia, hasta que se fue a Cardiff a hacer un master en minas. Después de remover cielo y tierra para conseguir una plaza.
Yo también dejé mi trabajo en la Cocina de Babel casi a final del verano, y empecé a trabajar en el Bar Madrid (una discoteca latina por Oxford Street)
A principios del 96, Edu trabajaba en un MacDonald´s que estaba en Oxford Street. Lo hacía para cubrir sus gastos de alquiler, comida y transporte. Ya que él no había venido a Londres para trabajar, sino para aprender Inglés y hacer un master. Lo que pasa que la vida es dura.
Se levantaba todos los días a las 6:30 de la mañana, y se iba a voltear McPollas, que era como él llamaba a las hamburguesas del MacDonald's.
Este trabajo lo tenía bastante quemado, no por estar cerca de la plancha, que también. Sino porque estaba en pleno Oxford Street. Posiblemente el MacDonalds más concurrido de la ciudad.
Eduardo era un tipo muy tranquilo y sosegado, pero cuando sonaba el despertador por la mañana, maldecía a diestro y siniestro durante los primeros minutos del día. Luego se tomaba el resto del día con filosofía.
Yo dormía en la litera de arriba y me hacía mucha gracia cuando se despertaba y se ensañaba con el despertador, especialmente cuando yo no tenía que madrugar, durante el fin de semana.
Un día que yo tenía que madrugar, como revancha por mis cachondeos, Edu escondió mi despertador encima del armario, en medio de un amasijo de cajas y objetos. Y cuando el insoportable pi..pi...piii... me despertó, me volví loco para encontrarlo. Ahora era yo el que maldecía, mientras Edu e Iván se desencajaban la mandíbula en el salón. Nos gastábamos bromas de este tipo muy a menudo.
Un sabado por la mañana, Edu se levantó como de costumbre para ir al tajo. Pero dos horas más tarde estaba de regreso, el tío.
Le pregunté que le había ocurrido. Y me dijo que cuando salió de la boca del metro en Oxford Circus, y vio el cuantioso gentío que salía del metro y atiborraba las calles, pensó:
" Toda esta gente se va de compras, y con la cantidad de tiendas y grandes almacenes que hay, van a necesitar toda la mañana, al final se cansarán y les entrará el hambre, ¡claro!. Entonces se irán al MacDonalds a pedir el puto MacPollas que a mí me toca hacer. ¡Anda ya....!
Así que, presa del pánico, se dio media vuelta y regresó a casa. Dijo que no iba a trabajar en el MacDonalds nunca más, que ya encontraría otra cosa. Ni siquiera se pasó por allí para despedirse.
Pero una semana más tarde, cuando vio que se le acababa el dinero y aún no había encontrado otra cosa, se fue al MacDonald's a intentar recuperar su trabajo.
Cuando su supervisor lo vio se puso como una fiera, y le preguntó pero que coño había pasado, como había desaparecido sin decir nada, y que si pretendía recuperar su trabajo, estaba muy equivocado.
Pero Eduardo se invento un gran drama, y le dijo que tuvo que coger el primer avión a España, sin tiempo para avisar. Para colmo le habían robado la mochila donde tenía la cartera, donde guardaba el numero del trabajo, y bla...bla....bla..... Y que lo sentía enormemente.
Total que el supervisor se tragó la película y se le ablandó el corazón: "Bueno, te daré otra oportunidad" -le dijo.
Ese mismo día empezó a trabajar, pero al día siguiente cambió de opinión y no volvió. Increíble pero cierto.
Una semana más tarde, Edu empezó a trabajar en el mismo hospital en que trabajaba Iván y Juán.
No sé si era Iván o Juan, el que se suponía que le tenía que mostrar sus tareas. Que básicamente consistían en técnicas de escaqueo.
Allí, Edu se labró una reputación como trabajador infatigable. El día en que llegó a casa y nos contó:
-"Ostras, hoy la manager (supervisora) me pilló in fraganti. Todo comenzó cuando me dijeron que tenía que limpiar una sala con varias camas en el quinto piso. Así que para allá me fui. Pero a los cinco minutos me entró el sueño, ya que ayer estuve de juerga y no había dormido casi nada. Cerré la puerta, moví una cama que estaba pegada a la pared y me senté en el suelo entre la cama y la pared. Al rato me quedé dormido. Entonces escuché el ruido del cubo metálico que puse detrás de la puerta, como posible aviso por si alguien entraba. Me incorporé sobresaltado agarrando con mis manos lo primero que pillaron, que era un espray en una y un paño en la otra. Me quedé rojo como un tomate cuando vi a la manager frente a mí, con cara desconcertante.
Y de repente, se me acerca y me dice que muy bien, que todos deberían ser como yo. Que gran trabajador era que hasta movía las camas para limpiar detrás, cosa que a nadie se le pasaba por la cabeza.
Y al verme tan rojo, me dijo que no me esforzara tanto, que me lo tomase con calma. Y que me fuera a tomar un café, que bien merecido me lo tenía..."
Cuando escuchamos su historia, de la forma irónica que solo él la podía contar, se nos saltaban las lágrimas de la risa.
Más tarde trabajajó en la cafetería del museo de la ciencia, hasta que se fue a Cardiff a hacer un master en minas. Después de remover cielo y tierra para conseguir una plaza.
Yo también dejé mi trabajo en la Cocina de Babel casi a final del verano, y empecé a trabajar en el Bar Madrid (una discoteca latina por Oxford Street)
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BIOGRAFÍA
martes, 17 de marzo de 2009
16- DE FIESTA POR LONDRES Y BARES AUSTRALIANOS
"EL VIAJE REAL DEL DESCUBRIMIENTO NO CONSISTE EN VER NUEVAS TIERRAS, SINO EN VER CON NUEVOS OJOS". (Marcel Proust)
Cada día, al acabar el trabajo, era uno de los primeros en llegar a casa. Así que aprovechaba para estudiar un par de horas, hasta que llegaba alguien. Más tarde me bajaba al salón para ver quien había, cual era el tema de conversación, si había llegado alguna figura nueva, que planes teníamos, etc
Más adelante, empezaría a ir a clases de inglés dos veces por semana a una academia fabulosa que se llamaba "International House".
En esa primera época, los fines de semana, a menudo surgía alguna fiesta en casa de alguien que conocía a alguien que era amigo o compañero de trabajo de uno de nosotros. Y a veces teníamos que regresar a casa desde el otro extremo de Londres a las tantas de la madrugada, cosa que muchas veces se convertía en una odisea. Otras veces te quedabas a dormir en el sofá o moqueta del anfitrión de turno, y cogías el primer metro por la mañana.
Cuando no teníamos ningún plan, nos lo montábamos en casa o en un pub local. Ya que salir por el centro, después de las once de la noche, cuando cerraban los pubs, y te tenías que meter en los bares de copas, era demasiado caro. Hasta que descubrimos sitios como: Bar Pepe, Backpackers, Intrepid Fox, The Church, Spotted Dog, etc.
El Backpackers estaba en King's Cross. Era un garito australiano donde ponían música, en su mayoría, Pop Rock de los 80: ABBA, Bruce Springsteen, Bryan Adams, y un largo etc.
Los sábados, si entrabas antes, creo que eran las 9 de la noche, pagabas 5 libras y tenías barra libre hasta las 11 o las 12, algo así. Cosa que para nosotros fue un gran descubrimiento. Así que allá nos íbamos muchos sábados toda la cuadrilla de casa Maruja.
Las noches en el Backpackers solían ser legendarias, y eran motivo de risas y jolgorio al día siguiente.
En ese periodo empezó la afición de Antón p0r la fotografía. El objetivo no era hacer fotos profesionales, ya que al principio eran hechas con una cámara de usar y tirar, sino de inmortalizar los momentos mas in fragantis, cómicos y disparatados de cada uno de nosotros, o de quién se terciara.
Se acercaba con sigilo, esperaba el momento adecuado, y disimuladamente... ¡Zas!. Te pillaba en el momento más comprometido. La cantidad de fotos desternillantes que debe tener.... Algún día nos sorprenderá haciendo algo gordo con ellas.
Lo malo de ir al Backpacker's era que para regresar a casa a las cuatro y pico de la madrugada había que coger un autobús nocturno hasta Oxford Street, y allí bajarse y esperar otro que nos llevara a Queen's Park. A veces, si aún nos quedaba cuerda, nos íbamos al bar Pepe, del que hablaré más adelante. Cerraba a las seis y pico de la mañana, para entonces ya estaba abierto el metro, y nos íbamos para casa en él.
En King's Cross estaba también "The Church" (la iglesia), muy australiano. Y haciendo honor a su nombre, abría el domingo por la mañana, muy temprano.
Valía la pena ir a este sitio, al menos una vez como experiencia. Era como un gran almacén con un escenario improvisado. La bebida se compraba fuera, y lo mínimo que se compraba era un pack de cuatro cervezas de las grandes.
Dentro veías a todo el mundo con las cervezas colgando del pantalón, quien más y quién menos iba como una moto. Había muchos jugadores de rugby australianos cuatro por cuatro que iban allí a emborracharse. Alguno se bebía las cervezas de un trago y luego aplastaba las latas vacías en su propia frente.
En el escenario organizaban... No se si eran concursos, una tradición o qué, donde las chicas más osadas, mayormente australianas se subían al escenario. Y después de beber la máxima cerveza posible se quitaban la camiseta y el sujetador.
Hace poco me he enterado que están cerrando muchos de estos sitios, para en su lugar abrir locales pijos y selectos. A donde iremos a parar.
Cada día, al acabar el trabajo, era uno de los primeros en llegar a casa. Así que aprovechaba para estudiar un par de horas, hasta que llegaba alguien. Más tarde me bajaba al salón para ver quien había, cual era el tema de conversación, si había llegado alguna figura nueva, que planes teníamos, etc
Más adelante, empezaría a ir a clases de inglés dos veces por semana a una academia fabulosa que se llamaba "International House".
En esa primera época, los fines de semana, a menudo surgía alguna fiesta en casa de alguien que conocía a alguien que era amigo o compañero de trabajo de uno de nosotros. Y a veces teníamos que regresar a casa desde el otro extremo de Londres a las tantas de la madrugada, cosa que muchas veces se convertía en una odisea. Otras veces te quedabas a dormir en el sofá o moqueta del anfitrión de turno, y cogías el primer metro por la mañana.
Cuando no teníamos ningún plan, nos lo montábamos en casa o en un pub local. Ya que salir por el centro, después de las once de la noche, cuando cerraban los pubs, y te tenías que meter en los bares de copas, era demasiado caro. Hasta que descubrimos sitios como: Bar Pepe, Backpackers, Intrepid Fox, The Church, Spotted Dog, etc.
El Backpackers estaba en King's Cross. Era un garito australiano donde ponían música, en su mayoría, Pop Rock de los 80: ABBA, Bruce Springsteen, Bryan Adams, y un largo etc.
Los sábados, si entrabas antes, creo que eran las 9 de la noche, pagabas 5 libras y tenías barra libre hasta las 11 o las 12, algo así. Cosa que para nosotros fue un gran descubrimiento. Así que allá nos íbamos muchos sábados toda la cuadrilla de casa Maruja.
Las noches en el Backpackers solían ser legendarias, y eran motivo de risas y jolgorio al día siguiente.
En ese periodo empezó la afición de Antón p0r la fotografía. El objetivo no era hacer fotos profesionales, ya que al principio eran hechas con una cámara de usar y tirar, sino de inmortalizar los momentos mas in fragantis, cómicos y disparatados de cada uno de nosotros, o de quién se terciara.
Se acercaba con sigilo, esperaba el momento adecuado, y disimuladamente... ¡Zas!. Te pillaba en el momento más comprometido. La cantidad de fotos desternillantes que debe tener.... Algún día nos sorprenderá haciendo algo gordo con ellas.
Lo malo de ir al Backpacker's era que para regresar a casa a las cuatro y pico de la madrugada había que coger un autobús nocturno hasta Oxford Street, y allí bajarse y esperar otro que nos llevara a Queen's Park. A veces, si aún nos quedaba cuerda, nos íbamos al bar Pepe, del que hablaré más adelante. Cerraba a las seis y pico de la mañana, para entonces ya estaba abierto el metro, y nos íbamos para casa en él.
En King's Cross estaba también "The Church" (la iglesia), muy australiano. Y haciendo honor a su nombre, abría el domingo por la mañana, muy temprano.
Valía la pena ir a este sitio, al menos una vez como experiencia. Era como un gran almacén con un escenario improvisado. La bebida se compraba fuera, y lo mínimo que se compraba era un pack de cuatro cervezas de las grandes.
Dentro veías a todo el mundo con las cervezas colgando del pantalón, quien más y quién menos iba como una moto. Había muchos jugadores de rugby australianos cuatro por cuatro que iban allí a emborracharse. Alguno se bebía las cervezas de un trago y luego aplastaba las latas vacías en su propia frente.
En el escenario organizaban... No se si eran concursos, una tradición o qué, donde las chicas más osadas, mayormente australianas se subían al escenario. Y después de beber la máxima cerveza posible se quitaban la camiseta y el sujetador.
Hace poco me he enterado que están cerrando muchos de estos sitios, para en su lugar abrir locales pijos y selectos. A donde iremos a parar.
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BIOGRAFÍA
martes, 3 de marzo de 2009
15- LOS PERSONAJES QUE LLEVAMOS DENTRO
"EL MUNDO ES UN ESCENARIO. Y TODOS LOS HOMBRES Y MUJERES SON SIMPLEMENTE ACTORES: TIENEN SUS ENTRADAS Y SUS SALIDAS. Y CADA PERSONA, EN EL TIEMPO QUE LE CORRESPONDE INTERPRETA VARIOS PAPELES" (William Shackespeare)
No puedo acordarme de toda la gente que vivió o pasó por Casa Maruja durante mi primera etapa allí, que fueron unos 7 o 8 meses aproximadamente. Y de los que me acuerdo, no puedo mencionar a todos porque nos haríamos un lío. Así que me limitaré a mencionar a los personajes más significativos.
Para mí, Casa Maruja era un ir y venir de protagonistas de sus propias historias. Cada uno tenía algo que contar, algo de lo que huir, o algo que buscar. Era como una gran comedia donde todo era muy intenso, sin lugar para el aburrimiento.
Iván y Juan Trabajaban en un hospital, creo que era el Saint Mary´s. Pertenecían al departamento de limpieza, pero como decían ellos, no había nada que limpiar. Así que la mayoría del tiempo lo dedicaban a pasearse por las plantas de arriba abajo, conversando con los pacientes más veteranos que esperaban ansiosos su llegada.
Iván, incluso se echaba una partida de cartas con un anciano que le contaba su vida por capítulos.
Según Juan, lo típico en Iván era encontrarlo pavoneándose todo chulo y vacilón con una escobón al hombro, una gran sonrisa y un cigarro liado detrás de la oreja. A veces su jefa lo pillaba y le soltaba un rapapolvos, pero él no se inmutaba. Sonreía, y decía: "no problem" , y se ponía a la faena. Pero en cuanto desaparecía la jefa, escobón al hombro otra vez.
Siempre que me acuerdo de Iván, lo recuerdo sonriendo, nunca le vi serio. Se lo tomaba todo en broma y con filosofía. Para él los problemas no existían o se los pasaba por el forro.
Yo, Iván y Edu fumábamos tabaco de liar, ya que los cigarrillos normales estaban entonces casi tres veces más caros que en España. Decíamos que aparte de ser más económico era más sano y natural. Y podías fumar menos simplemente haciéndolos más finos.
Yo empecé a hacerme los cigarros cada vez mas perfectos y más finos, era como un ritual. Además, me había inventado la teoría de que haciéndolos más y más finos al final dejaría de fumar sin enterarme. Pero no funcionó.
Hablando de teorías, en Casa Maruja, quien más y quien menos tenía sus teorías o ideas estrambóticas: Juan decía que la convivencia perfecta entre un hombre y una mujer sería trazar una linea divisoria en el hogar conyugal, cruzándose dicha linea solamente en casos muy concretos o de urgencia sexual.
Había un gran compañero vasco, que una vez, en un tema de conversación sobre el amor y sus diferentes interpretaciones, alegó que él tenía los cojones llenos de amor.
Meses más tarde, también, hubo una chica en la casa que tuvo la osadía de llamar "residencia de estudiantes" a Casa Maruja. Aquello provocó grandes carcajadas y pitorreos que se prolongaron durante semanas.
También vivía en la casa Victor, al que todavía no he mencionado. Era un apasionado de la ciencia, y en especial del universo y todo lo que al concierne. Lo sabía todo del tema. Podía tirarse horas hablando de la teoría de la relatividad. Su cabeza estaba llena de constelaciones, formulas y teorías, y le gustaba proclamar sus conocimientos a los cuatro vientos. Y cuando lo hacía, lo hacía con vehemencia y fogosidad: sus músculos se tensaban, su cara enrojecía, las venas de su cuello se dilataban. Era todo un espectáculo.
Edu que era geólogo y sabía bastante de algunos temas de los que Victor se jactaba, buscaba siempre la forma de pillarle en algún error. Y coversaban y discutían sobre temas apasionantes. Para mí, aquello era como ver un documental de la BBC.
Victor venía de un pueblo de Andalucía en el que era un gran incomprendido. Según él, la gente le llamaba el loco de las estrellas. No podía soportar la incultura de la gente, que decide ser ignorante por decisión propia. Su palabra favorita era ceporro, para definir a este tipo de gente.
Según él, en el entorno en el que vivía, había muchos ceporros. Siempre llevaba un rotulador de color rojo para corregir los anuncios que se iba encontrando por el barrio, del tipo de:

En su barrio, decía, proliferaban las pitonisas, adivinos y videntes que se lucraban a costa de la ignorancia de la gente.
Victor había venido a Londres a estudiar inglés, y con el tiempo quería traerse a su mujer y encontrar un trabajo relacionado con la ciencia, que era su sueño. Aunque sabía que no era fácil, y tendría que esforzarse y estudiar mucho. En esa época trabajaba en un restaurante para ir tirando.
Conociéndole, y aunque no he sabido de él durante más de diez años, me lo imagino trabajando en el museo de la ciencia, el observatorio de Greenwich o algún lugar por el estilo. ¡Por sus cojones!
No puedo acordarme de toda la gente que vivió o pasó por Casa Maruja durante mi primera etapa allí, que fueron unos 7 o 8 meses aproximadamente. Y de los que me acuerdo, no puedo mencionar a todos porque nos haríamos un lío. Así que me limitaré a mencionar a los personajes más significativos.
Para mí, Casa Maruja era un ir y venir de protagonistas de sus propias historias. Cada uno tenía algo que contar, algo de lo que huir, o algo que buscar. Era como una gran comedia donde todo era muy intenso, sin lugar para el aburrimiento.
Iván y Juan Trabajaban en un hospital, creo que era el Saint Mary´s. Pertenecían al departamento de limpieza, pero como decían ellos, no había nada que limpiar. Así que la mayoría del tiempo lo dedicaban a pasearse por las plantas de arriba abajo, conversando con los pacientes más veteranos que esperaban ansiosos su llegada.
Iván, incluso se echaba una partida de cartas con un anciano que le contaba su vida por capítulos.
Según Juan, lo típico en Iván era encontrarlo pavoneándose todo chulo y vacilón con una escobón al hombro, una gran sonrisa y un cigarro liado detrás de la oreja. A veces su jefa lo pillaba y le soltaba un rapapolvos, pero él no se inmutaba. Sonreía, y decía: "no problem" , y se ponía a la faena. Pero en cuanto desaparecía la jefa, escobón al hombro otra vez.
Siempre que me acuerdo de Iván, lo recuerdo sonriendo, nunca le vi serio. Se lo tomaba todo en broma y con filosofía. Para él los problemas no existían o se los pasaba por el forro.
Yo, Iván y Edu fumábamos tabaco de liar, ya que los cigarrillos normales estaban entonces casi tres veces más caros que en España. Decíamos que aparte de ser más económico era más sano y natural. Y podías fumar menos simplemente haciéndolos más finos.
Yo empecé a hacerme los cigarros cada vez mas perfectos y más finos, era como un ritual. Además, me había inventado la teoría de que haciéndolos más y más finos al final dejaría de fumar sin enterarme. Pero no funcionó.
Hablando de teorías, en Casa Maruja, quien más y quien menos tenía sus teorías o ideas estrambóticas: Juan decía que la convivencia perfecta entre un hombre y una mujer sería trazar una linea divisoria en el hogar conyugal, cruzándose dicha linea solamente en casos muy concretos o de urgencia sexual.
Había un gran compañero vasco, que una vez, en un tema de conversación sobre el amor y sus diferentes interpretaciones, alegó que él tenía los cojones llenos de amor.
Meses más tarde, también, hubo una chica en la casa que tuvo la osadía de llamar "residencia de estudiantes" a Casa Maruja. Aquello provocó grandes carcajadas y pitorreos que se prolongaron durante semanas.
También vivía en la casa Victor, al que todavía no he mencionado. Era un apasionado de la ciencia, y en especial del universo y todo lo que al concierne. Lo sabía todo del tema. Podía tirarse horas hablando de la teoría de la relatividad. Su cabeza estaba llena de constelaciones, formulas y teorías, y le gustaba proclamar sus conocimientos a los cuatro vientos. Y cuando lo hacía, lo hacía con vehemencia y fogosidad: sus músculos se tensaban, su cara enrojecía, las venas de su cuello se dilataban. Era todo un espectáculo.
Edu que era geólogo y sabía bastante de algunos temas de los que Victor se jactaba, buscaba siempre la forma de pillarle en algún error. Y coversaban y discutían sobre temas apasionantes. Para mí, aquello era como ver un documental de la BBC.
Victor venía de un pueblo de Andalucía en el que era un gran incomprendido. Según él, la gente le llamaba el loco de las estrellas. No podía soportar la incultura de la gente, que decide ser ignorante por decisión propia. Su palabra favorita era ceporro, para definir a este tipo de gente.
Según él, en el entorno en el que vivía, había muchos ceporros. Siempre llevaba un rotulador de color rojo para corregir los anuncios que se iba encontrando por el barrio, del tipo de:

En su barrio, decía, proliferaban las pitonisas, adivinos y videntes que se lucraban a costa de la ignorancia de la gente.
Victor había venido a Londres a estudiar inglés, y con el tiempo quería traerse a su mujer y encontrar un trabajo relacionado con la ciencia, que era su sueño. Aunque sabía que no era fácil, y tendría que esforzarse y estudiar mucho. En esa época trabajaba en un restaurante para ir tirando.
Conociéndole, y aunque no he sabido de él durante más de diez años, me lo imagino trabajando en el museo de la ciencia, el observatorio de Greenwich o algún lugar por el estilo. ¡Por sus cojones!
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BIOGRAFÍA
domingo, 15 de febrero de 2009
14- CERRANDO PUBS POR QUEEN'S PARK Y HARROW ROAD.
"NO TE TOMES LA VIDA DEMASIADO EN SERIO, DE TODAS FORMAS NO SALDRÁS VIVO DE ESTA"
En mi segundo día en casa Maruja conocí a los hermanos Abaitua, Juan y Antón, de Bilbao oye... Con los que todavía mantengo contacto, especialmente con Antón.
Mi primer encuentro con Antón fue bastante escabroso. Un buen día por la tarde, salí de mi habitación que estaba frente a la "cocina", y me dispuse a prepararme un café. Noté que en un un hornillo había un pequeño cazo de leche calentándose.
Iván y Edú pululaban por el salón, donde también estaba Antón. Lo vi de lejos y me pareció bastante serio. Rondaba los treinta años, y en esa época lucía unas melenas escasas que le daban un aire perturbador. O esa fue mi primera impresión.
Unos momentos más tarde estábamos yo y Edu en la cocina, quejándonos de que no había tías en la casa, y de lo cara que estaba la vida en Londres. Cuando de repente veo que la leche que se estaba calentando en el cazo empieza a hervir. Sin saber siquiera de quién era, apagué el fuego rápidamente antes de que se desbordara. Justo en ese preciso momento, aparece Antón, que furioso e indignado me dice, pero que he hecho, porque c*****s le he apagado el fuego.
Yo, confuso y desconcertado, le digo: " Pero es que la leche estaba a punto de salirse". Y él me responde: " Es que a mí me gusta que se salga".
La explicación es que cuando la leche hierve hace espuma, y cuanto más hierve más espuma hace: Leche+espuma+café=capuchino.
Con el paso de los días conocí mejor a Antón y me di cuenta que no tenía nada que ver con aquel sujeto iracundo con el que yo creía haberme topado. Todo lo contrario, resultó ser una de las personas más nobles que he conocido. Que curiosa es la vida.
En esos tiempos no teníamos acceso a Internet como ahora, pero tampoco lo necesitábamos. Además, si querías saber algo, se lo preguntabas a Antón. Lo sabía absolutamente todo acerca de todo. Era la Wikipedia de esa época. Aparte de eso llevaba bastante tiempo en Londres y te podía asesorar sobre cualquier tema burocrático.
Roberto también llevaba tiempo en Londres, y era un cinéfilo empedernido. Su interés por las películas de Walt Disney rozaba lo irracional. También, según me habían dicho, hacía viajes astrales desde su cama..... No comment.
También, comentaban las malas lenguas, que Roberto era un espía, el infiltrado de Maruja, a la que ponía al tanto de todas nuestras andanzas. Aparte de estás peculiaridades era muy amable y servicial. Siempre dispuesto a echarte una mano.
Carlos, o tal vez debería decir Karlos, era disidente por naturaleza, que aparte de hablar por los codos tenía opiniones firmes e inamovibles. Era inútil discutir con él, le tenías que dar la razón rápidamente. Le gustaba discrepar y argumentar sobre lo que fuese, si no le dabas un tema, él se lo buscaba. Disfrutaba con ello.
No he vuelto a saber de él desde esa época.
Recuerdo un viernes por la noche, yo, Iván y Carlos que nos fuimos a tomar unas pintas al pub local. Y a las once, cuando iban a cerrar, vemos que aún hay bastante ambiente en el pub irlandés de al lado. Carlos dijo: "Ostras, vamos a este que cierra más tarde". Y allí nos metimos.
Resulta que celebraban algo, puede que fuese Saint Patrick's Day (fiesta nacional en Irlanda y en los pubs irlandeses en todo el mundo).
La gente bebía, bailaba y reía. Así que nos vamos para la barra y ante nuestro asombro, nos empiezan a servir pintas de Guinness por la cara, y nosotros para no hacerles un feo empezamos a beber. Comenzamos a charlar y bromear con los paisanos que allí había, y que iban peor que nosotros, una gente muy maja por cierto. Carlos le decía a uno que se sentía muy identificado con Irlanda, y el nacionalismo Irlandés, después se agarraban y se daban palmadas en la espalda. Iván otro tanto de lo mismo. Yo no paraba de reírme. Aquello más que un pub parecía un circo. A mí me vino muy bien porque las propiedades de la cebada hicieron que me soltara hablando Inglés. Las palabras fluían solas, no necesitaba pensar antes de decir una frase. A partir de ese día hablé un poco mejor Inglés.
Al final, a la una y pico de la mañana se acaba la fiesta y nos cierran el pub. De vuelta a casa, caminando por Harrow Road, escuchamos una música lejana que despertó nuestra curiosidad. Estaban celebrando una fiesta en el segundo piso de un bloque de apartamentos.
Nosotros que íbamos lanzados y teníamos ganas de fiesta, buscamos la puerta de acceso y empezamos a llamar reiteradamente. Un tío sale a la ventana y nos dice: "What's up mates". Y nosotros le pedimos si nos pueden abrir la puerta. Pero nos dice que es una fiesta privada y que no estamos invitados.
A pesar de todo, se nos metió en la cabeza, sobre todo a Carlos, que teníamos que asistir a aquella fiesta fuese como fuese. Así que decidimos esperar en la puerta a que entrara o saliera alguien para poder entrar.
Al final llegó una chica muy parlanchina a la que le hicimos gracia, y convenció a los anfitriones de la fiesta para que nos dejaran entrar..... Ya lo dice el dicho, tiran más dos tetas que dos carretas.
La verdad, no sé como salimos ilesos de aquella fiesta porque nos comimos su comida, nos bebimos su bebida, y cuando hicieron una recolecta para ir a buscar más provisiones al 7-Eleven (franquicia de tiendas abiertas 24 horas), resulta que nosotros no teníamos un duro. Lo peor de todo era que a Iván le hacía gracia la situación y se estaba conteniendo la risa.
Llegamos a casa pasadas las cinco de la mañana, y despertamos a Edu con nuestro cánticos. El pobre se tenía que levantar a las seis y media de la mañana para ir a darle vueltas a las hamburguesas al Macdonal's. Para vengarse, como compartíamos habitación, atrancó la puerta con el armario desde dentro para que yo y Iván no pudiésemos entrar.
Desperté junto a Iván, en el sofá del salón, con un dolor de cabeza impresionante.
En mi segundo día en casa Maruja conocí a los hermanos Abaitua, Juan y Antón, de Bilbao oye... Con los que todavía mantengo contacto, especialmente con Antón.
Mi primer encuentro con Antón fue bastante escabroso. Un buen día por la tarde, salí de mi habitación que estaba frente a la "cocina", y me dispuse a prepararme un café. Noté que en un un hornillo había un pequeño cazo de leche calentándose.
Iván y Edú pululaban por el salón, donde también estaba Antón. Lo vi de lejos y me pareció bastante serio. Rondaba los treinta años, y en esa época lucía unas melenas escasas que le daban un aire perturbador. O esa fue mi primera impresión.
Unos momentos más tarde estábamos yo y Edu en la cocina, quejándonos de que no había tías en la casa, y de lo cara que estaba la vida en Londres. Cuando de repente veo que la leche que se estaba calentando en el cazo empieza a hervir. Sin saber siquiera de quién era, apagué el fuego rápidamente antes de que se desbordara. Justo en ese preciso momento, aparece Antón, que furioso e indignado me dice, pero que he hecho, porque c*****s le he apagado el fuego.
Yo, confuso y desconcertado, le digo: " Pero es que la leche estaba a punto de salirse". Y él me responde: " Es que a mí me gusta que se salga".
La explicación es que cuando la leche hierve hace espuma, y cuanto más hierve más espuma hace: Leche+espuma+café=capuchino.
Con el paso de los días conocí mejor a Antón y me di cuenta que no tenía nada que ver con aquel sujeto iracundo con el que yo creía haberme topado. Todo lo contrario, resultó ser una de las personas más nobles que he conocido. Que curiosa es la vida.
En esos tiempos no teníamos acceso a Internet como ahora, pero tampoco lo necesitábamos. Además, si querías saber algo, se lo preguntabas a Antón. Lo sabía absolutamente todo acerca de todo. Era la Wikipedia de esa época. Aparte de eso llevaba bastante tiempo en Londres y te podía asesorar sobre cualquier tema burocrático.
Roberto también llevaba tiempo en Londres, y era un cinéfilo empedernido. Su interés por las películas de Walt Disney rozaba lo irracional. También, según me habían dicho, hacía viajes astrales desde su cama..... No comment.
También, comentaban las malas lenguas, que Roberto era un espía, el infiltrado de Maruja, a la que ponía al tanto de todas nuestras andanzas. Aparte de estás peculiaridades era muy amable y servicial. Siempre dispuesto a echarte una mano.
Carlos, o tal vez debería decir Karlos, era disidente por naturaleza, que aparte de hablar por los codos tenía opiniones firmes e inamovibles. Era inútil discutir con él, le tenías que dar la razón rápidamente. Le gustaba discrepar y argumentar sobre lo que fuese, si no le dabas un tema, él se lo buscaba. Disfrutaba con ello.
No he vuelto a saber de él desde esa época.
Recuerdo un viernes por la noche, yo, Iván y Carlos que nos fuimos a tomar unas pintas al pub local. Y a las once, cuando iban a cerrar, vemos que aún hay bastante ambiente en el pub irlandés de al lado. Carlos dijo: "Ostras, vamos a este que cierra más tarde". Y allí nos metimos.
Resulta que celebraban algo, puede que fuese Saint Patrick's Day (fiesta nacional en Irlanda y en los pubs irlandeses en todo el mundo).
La gente bebía, bailaba y reía. Así que nos vamos para la barra y ante nuestro asombro, nos empiezan a servir pintas de Guinness por la cara, y nosotros para no hacerles un feo empezamos a beber. Comenzamos a charlar y bromear con los paisanos que allí había, y que iban peor que nosotros, una gente muy maja por cierto. Carlos le decía a uno que se sentía muy identificado con Irlanda, y el nacionalismo Irlandés, después se agarraban y se daban palmadas en la espalda. Iván otro tanto de lo mismo. Yo no paraba de reírme. Aquello más que un pub parecía un circo. A mí me vino muy bien porque las propiedades de la cebada hicieron que me soltara hablando Inglés. Las palabras fluían solas, no necesitaba pensar antes de decir una frase. A partir de ese día hablé un poco mejor Inglés.
Al final, a la una y pico de la mañana se acaba la fiesta y nos cierran el pub. De vuelta a casa, caminando por Harrow Road, escuchamos una música lejana que despertó nuestra curiosidad. Estaban celebrando una fiesta en el segundo piso de un bloque de apartamentos.
Nosotros que íbamos lanzados y teníamos ganas de fiesta, buscamos la puerta de acceso y empezamos a llamar reiteradamente. Un tío sale a la ventana y nos dice: "What's up mates". Y nosotros le pedimos si nos pueden abrir la puerta. Pero nos dice que es una fiesta privada y que no estamos invitados.
A pesar de todo, se nos metió en la cabeza, sobre todo a Carlos, que teníamos que asistir a aquella fiesta fuese como fuese. Así que decidimos esperar en la puerta a que entrara o saliera alguien para poder entrar.
Al final llegó una chica muy parlanchina a la que le hicimos gracia, y convenció a los anfitriones de la fiesta para que nos dejaran entrar..... Ya lo dice el dicho, tiran más dos tetas que dos carretas.
La verdad, no sé como salimos ilesos de aquella fiesta porque nos comimos su comida, nos bebimos su bebida, y cuando hicieron una recolecta para ir a buscar más provisiones al 7-Eleven (franquicia de tiendas abiertas 24 horas), resulta que nosotros no teníamos un duro. Lo peor de todo era que a Iván le hacía gracia la situación y se estaba conteniendo la risa.
Llegamos a casa pasadas las cinco de la mañana, y despertamos a Edu con nuestro cánticos. El pobre se tenía que levantar a las seis y media de la mañana para ir a darle vueltas a las hamburguesas al Macdonal's. Para vengarse, como compartíamos habitación, atrancó la puerta con el armario desde dentro para que yo y Iván no pudiésemos entrar.
Desperté junto a Iván, en el sofá del salón, con un dolor de cabeza impresionante.
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BIOGRAFÍA
sábado, 7 de febrero de 2009
13- DE BRAVINGTON ROAD A PORTNALL ROAD
"LA POCA EDUCACIÓN QUE HE RECIBIDO, LA HE GANADO EN LA UNIVERSIDAD DE LA VIDA" (Horatio Bottomley)
Era sábado por la mañana, a finales de Febrero o principios de Marzo. Recuperé mi depósito (fianza) de la residencia del meeting point, metí todas mis pertenencias en una maleta y una mochila y me fui para Casa Maruja. Ya está, en una hora hice la mudanza.
Maruja me dio la bienvenida y las llaves, era una señora que hacía honor a su nombre. En unos minutos me contó media vida de algunos que vivían en la casa, y me dijo que iba a compartir habitación con un chico de Madrid y otro del País Vasco.
Como ya sabía cual era mi habitación me fui para arriba antes de que me contara otro culebrón.
Cuando subía las escaleras, al pasar por delante de la puerta del salón, que estaba en un descansillo, conocí a Roberto. Estaba sentado frente a la mesa y tenía ante él un despliegue de carpetas y papeles que escrutaba con interés.
Roberto era un chico de León, regordete, con gafas, estatura media, impecablemente vestido y peinado. Su atuendo me recordaba a un oficinista burocrático.
Sus palabras fueron: "Hola, tu debes ser el nuevo, Nacho no?, mi nombre es Roberto, bienvenido, ya sabes cual es tu habitación, ¿no?...Si necesitas algo me lo haces saber, estaré aquí". Lo recuerdo porque me causó gran impresión.
Al principio pensé: "No sabía yo que había un administrador en esta casa". Pero en realidad era el inquilino de la habitación del la buhardilla que compartía con Carlos. Lo que pasa que era una persona extremadamente amable.
Le estreche la mano y le di las gracias por su hospitalidad y co-operación.
Mas tarde me fui al supermercado a hacer la compra, y renové la travel card semanal. Cuando regresé a la casa no había nadie en el salón, casi todo el mundo estaba en sus trabajos o academias. Yo me sentía afortunado porque tenía los fines de semana libres y una jornada que se acababa a las cuatro y media de la tarde. Me sobraba tiempo para estudiar, divertirme, echarme unas pintas en el pub, hacer turismo y más.
Esa tarde-noche conocí a mis compañeros de habitación: Primero estaba Iván, de unos 19 o 20 años, que llevaba en la casa una semana y era Vasco. Tenía un hermano mayor que vivía al norte de Inglaterra desde hacía un par de años, y que era Ingeniero industrial, o algo así. Un chico muy responsable e inteligente, por lo que el decía, y como yo pude comprobar meses más tarde cuando le conocí.
Sin embargo Iván era el polo opuesto. Había dejado los estudios y estaba siempre en las calles metido en líos. Así que su madre lo envió a Inglaterra a vivir con su hermano para sacarlo un poco de los malos vicios. Ya que el pueblo donde vivía su hermano era pequeño y bastante tranquilo, allí lo podría tener controlado e inculcarle un poco de sensatez. Pero a las tres semanas dejó el pueblo y se fue a Londres, porque se aburría -decía. Y fue a parar a Casa Maruja.
Mi otro compañero de habitación era Eduardo, madrileño, 25 años... creo. Había acabado la carrera de geología y se vino a Londres a aprender inglés. Un año más tarde se iría a hacer un Master en minas a Gales. Todos los gastos pagados por el gobierno británico. Era un experto en sacarle el máximo partido al sistema.
Eduardo era un tipo tranquilo, irónico y pausado, con un gran sentido del humor. Ademas era el tío más pasota que os podáis imaginar. Le acabamos llamando el tío Edu, todo un personaje sin duda.
Mas adelante contaré la historia del tío Edu y el Macdonald's, es para partirse de risa.
Total que esa tarde nos conocimos los tres y enseguida congeniamos.
Según me contaban Iván y Edu, en la casa solo había españoles, y todos eran tíos, excepto dos chicas que vivían en el piso de abajo y que no se relacionaban con el resto de la casa. Las dos que me había encontrado en el metro de Queen's Park con Carlos. Solo subían a cocinar algo, saludaban, y luego se bajaban a su habitación. La verdad no las culpo, porque se les veía tímidas, y quien más y quien menos, en aquella casa, éramos todos una pandilla de personajes y cabras locas.
Menudas tertulias y fiestas nos hemos montado en aquella casa, y aquel salón, casi siempre lleno de humo y de latas de cerveza. Y cuanto he aprendido yo con los personajes que por allí pasaron.
Aquella noche conocí a más gente, aunque no a todos. Pero por lo que había visto hasta el momento no podía más que preguntarme, como era posible que la casualidad juntara allí.....a los mejores de cada casa.
Era sábado por la mañana, a finales de Febrero o principios de Marzo. Recuperé mi depósito (fianza) de la residencia del meeting point, metí todas mis pertenencias en una maleta y una mochila y me fui para Casa Maruja. Ya está, en una hora hice la mudanza.
Maruja me dio la bienvenida y las llaves, era una señora que hacía honor a su nombre. En unos minutos me contó media vida de algunos que vivían en la casa, y me dijo que iba a compartir habitación con un chico de Madrid y otro del País Vasco.
Como ya sabía cual era mi habitación me fui para arriba antes de que me contara otro culebrón.
Cuando subía las escaleras, al pasar por delante de la puerta del salón, que estaba en un descansillo, conocí a Roberto. Estaba sentado frente a la mesa y tenía ante él un despliegue de carpetas y papeles que escrutaba con interés.
Roberto era un chico de León, regordete, con gafas, estatura media, impecablemente vestido y peinado. Su atuendo me recordaba a un oficinista burocrático.
Sus palabras fueron: "Hola, tu debes ser el nuevo, Nacho no?, mi nombre es Roberto, bienvenido, ya sabes cual es tu habitación, ¿no?...Si necesitas algo me lo haces saber, estaré aquí". Lo recuerdo porque me causó gran impresión.
Al principio pensé: "No sabía yo que había un administrador en esta casa". Pero en realidad era el inquilino de la habitación del la buhardilla que compartía con Carlos. Lo que pasa que era una persona extremadamente amable.
Le estreche la mano y le di las gracias por su hospitalidad y co-operación.
Mas tarde me fui al supermercado a hacer la compra, y renové la travel card semanal. Cuando regresé a la casa no había nadie en el salón, casi todo el mundo estaba en sus trabajos o academias. Yo me sentía afortunado porque tenía los fines de semana libres y una jornada que se acababa a las cuatro y media de la tarde. Me sobraba tiempo para estudiar, divertirme, echarme unas pintas en el pub, hacer turismo y más.
Esa tarde-noche conocí a mis compañeros de habitación: Primero estaba Iván, de unos 19 o 20 años, que llevaba en la casa una semana y era Vasco. Tenía un hermano mayor que vivía al norte de Inglaterra desde hacía un par de años, y que era Ingeniero industrial, o algo así. Un chico muy responsable e inteligente, por lo que el decía, y como yo pude comprobar meses más tarde cuando le conocí.
Sin embargo Iván era el polo opuesto. Había dejado los estudios y estaba siempre en las calles metido en líos. Así que su madre lo envió a Inglaterra a vivir con su hermano para sacarlo un poco de los malos vicios. Ya que el pueblo donde vivía su hermano era pequeño y bastante tranquilo, allí lo podría tener controlado e inculcarle un poco de sensatez. Pero a las tres semanas dejó el pueblo y se fue a Londres, porque se aburría -decía. Y fue a parar a Casa Maruja.
Mi otro compañero de habitación era Eduardo, madrileño, 25 años... creo. Había acabado la carrera de geología y se vino a Londres a aprender inglés. Un año más tarde se iría a hacer un Master en minas a Gales. Todos los gastos pagados por el gobierno británico. Era un experto en sacarle el máximo partido al sistema.
Eduardo era un tipo tranquilo, irónico y pausado, con un gran sentido del humor. Ademas era el tío más pasota que os podáis imaginar. Le acabamos llamando el tío Edu, todo un personaje sin duda.
Mas adelante contaré la historia del tío Edu y el Macdonald's, es para partirse de risa.
Total que esa tarde nos conocimos los tres y enseguida congeniamos.
Según me contaban Iván y Edu, en la casa solo había españoles, y todos eran tíos, excepto dos chicas que vivían en el piso de abajo y que no se relacionaban con el resto de la casa. Las dos que me había encontrado en el metro de Queen's Park con Carlos. Solo subían a cocinar algo, saludaban, y luego se bajaban a su habitación. La verdad no las culpo, porque se les veía tímidas, y quien más y quien menos, en aquella casa, éramos todos una pandilla de personajes y cabras locas.
Menudas tertulias y fiestas nos hemos montado en aquella casa, y aquel salón, casi siempre lleno de humo y de latas de cerveza. Y cuanto he aprendido yo con los personajes que por allí pasaron.
Aquella noche conocí a más gente, aunque no a todos. Pero por lo que había visto hasta el momento no podía más que preguntarme, como era posible que la casualidad juntara allí.....a los mejores de cada casa.
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BIOGRAFÍA
sábado, 31 de enero de 2009
12- CASA MARUJA EN LONDRES. MARUJA´S HOUSE IN LONDON.
"NADA SE PIERDE, LO QUE HAS VIVIDO SE QUEDA CONTIGO"
Pues allí estaba yo, sentado en el vagón de metro de la Bakerloo line, escuchando como este chaval gallego y estas dos chicas sentados frente a mí, cotilleaban a diestro y siniestro.
Hablaban de mucha gente y a alguno lo ponían a caldo. Mencionaron una tal Maruja y una habitación que se alquilaba a buen precio. Fue entonces cuando decidí presentarme y mostrar mi interés en el asunto.
Total, que en el tiempo que llega el metro de "Maida Vale" a "Oxford street", me informaron que se trataba de la casa en la que ellos vivían. Y que pertenecía a una tal Maruja, una gallega afincada en Londres, que alquilaba habitaciones.
Carlos, que así se llamaba el chaval y que era de Vigo, se mostró muy afable conmigo y quedamos en que esa misma tarde, después del trabajo hablaría con Maruja para comentarle mi interés en el alojamiento. Y yo me pasaría por allí más tarde.
Me escribió con prisas la dirección en un pedazo de cartón y de un salto me bajé por los pelos en mi estación sin tiempo a decir adiós ni gracias. Las dos chicas, habían permanecido en silencio casi todo el rato. Me preguntaba si les había comido la lengua el gato.
Esa tarde, al acabar de trabajar, me pasé por la residencia y comí algo. Después, a eso de las siete de la tarde busqué en el mapa la dirección de "Casa Maruja", y me fui para allá.
Resulta que era en una calle paralela a la que yo vivía, pero más cerca de la estación de metro.
Llamé al timbre y una señora de unos cincuenta y tantos me abrió la puerta. Me recibió muy amablemente y me dijo que Carlos ya la había puesto al corriente de mi visita.
Maruja había emigrado a Londres a finales de los años sesenta o algo así. En la época de Franco, vaya. Y había estado alquilando habitaciones a españoles desde tiempos remotos. A pesar de haber vivido media vida en Inglaterra, era gallega de pura cepa.
Estaba divorciada y vivía con Pepe, su novio o amante, que era un caballero muy majo y muy agradable. Tenía dos hijas nacidas en inglaterra, de las cuales, la menor vivía con ella también.
Maruja, Pepe y Mercedes vivían en la planta baja de la casa. Las tres plantas superiores eran un mundo aparte: Unas diez habitaciones dobles y triples en su mayoría, que se alquilaban por temporadas largas.
Subimos a los pisos de arriba para que me mostrase la casa. Me enseñó lo que se suponía que era el salón. Tenía entre unos doce o catorce metros cuadrados, y había una mesa blanca pegada a la pared con cinco sillas. En una esquina cerca del techo una televisión, y pegado a la pared de enfrente una especie de....entre cama y sofá, con un tapizado marrón oscuro corroído por los años y alguna quemadura de cigarro. El suelo, incluido el de las escaleras, que crujían a tu paso, estaba enmoquetado en toda la casa, a excepción de los cuartos de baño y pequeño espacio delante de la cocina.
La cocina, improvisada, estaba situada en el último descansillo de las escaleras. Había un fregadero y un gran frigorífico. Bajo las peligrosas escaleras de caracol que conducían a la buhardilla había unas estanterías para guardar los comestibles.
Por cierto, la buhardilla era una habitación con tres camas. Era la habitación más contemporanea de la casa, y ojo al dato, tenía ducha propia.
El resto de las habitaciones, era entrar en una, y viajar al pasado. La habitación que estaba disponible, frente a la "cocina", era triple, una litera y una cama. Los muebles eran de museo y el empapelado descolorido de las paredes había sido testigo de la caida del imperio romano, por lo menos.
A pesar de todo la casa estaba limpia, cerca del metro, y Maruja parecía una señora muy maja. Así que acepte quedarme allí una temporada.
Quedamos en que la semana siguiente me mudaría. Así tendría tiempo de avisar en la residencia y recuperar mi depósito.
Aquí se acabaría mi breve, primera etapa en la residencia del "Meeting Point", y comenzaría una nueva en Maruja´s House.
Pues allí estaba yo, sentado en el vagón de metro de la Bakerloo line, escuchando como este chaval gallego y estas dos chicas sentados frente a mí, cotilleaban a diestro y siniestro.
Hablaban de mucha gente y a alguno lo ponían a caldo. Mencionaron una tal Maruja y una habitación que se alquilaba a buen precio. Fue entonces cuando decidí presentarme y mostrar mi interés en el asunto.
Total, que en el tiempo que llega el metro de "Maida Vale" a "Oxford street", me informaron que se trataba de la casa en la que ellos vivían. Y que pertenecía a una tal Maruja, una gallega afincada en Londres, que alquilaba habitaciones.
Carlos, que así se llamaba el chaval y que era de Vigo, se mostró muy afable conmigo y quedamos en que esa misma tarde, después del trabajo hablaría con Maruja para comentarle mi interés en el alojamiento. Y yo me pasaría por allí más tarde.
Me escribió con prisas la dirección en un pedazo de cartón y de un salto me bajé por los pelos en mi estación sin tiempo a decir adiós ni gracias. Las dos chicas, habían permanecido en silencio casi todo el rato. Me preguntaba si les había comido la lengua el gato.
Esa tarde, al acabar de trabajar, me pasé por la residencia y comí algo. Después, a eso de las siete de la tarde busqué en el mapa la dirección de "Casa Maruja", y me fui para allá.
Resulta que era en una calle paralela a la que yo vivía, pero más cerca de la estación de metro.
Llamé al timbre y una señora de unos cincuenta y tantos me abrió la puerta. Me recibió muy amablemente y me dijo que Carlos ya la había puesto al corriente de mi visita.
Maruja había emigrado a Londres a finales de los años sesenta o algo así. En la época de Franco, vaya. Y había estado alquilando habitaciones a españoles desde tiempos remotos. A pesar de haber vivido media vida en Inglaterra, era gallega de pura cepa.
Estaba divorciada y vivía con Pepe, su novio o amante, que era un caballero muy majo y muy agradable. Tenía dos hijas nacidas en inglaterra, de las cuales, la menor vivía con ella también.
Maruja, Pepe y Mercedes vivían en la planta baja de la casa. Las tres plantas superiores eran un mundo aparte: Unas diez habitaciones dobles y triples en su mayoría, que se alquilaban por temporadas largas.
Subimos a los pisos de arriba para que me mostrase la casa. Me enseñó lo que se suponía que era el salón. Tenía entre unos doce o catorce metros cuadrados, y había una mesa blanca pegada a la pared con cinco sillas. En una esquina cerca del techo una televisión, y pegado a la pared de enfrente una especie de....entre cama y sofá, con un tapizado marrón oscuro corroído por los años y alguna quemadura de cigarro. El suelo, incluido el de las escaleras, que crujían a tu paso, estaba enmoquetado en toda la casa, a excepción de los cuartos de baño y pequeño espacio delante de la cocina.
La cocina, improvisada, estaba situada en el último descansillo de las escaleras. Había un fregadero y un gran frigorífico. Bajo las peligrosas escaleras de caracol que conducían a la buhardilla había unas estanterías para guardar los comestibles.
Por cierto, la buhardilla era una habitación con tres camas. Era la habitación más contemporanea de la casa, y ojo al dato, tenía ducha propia.
El resto de las habitaciones, era entrar en una, y viajar al pasado. La habitación que estaba disponible, frente a la "cocina", era triple, una litera y una cama. Los muebles eran de museo y el empapelado descolorido de las paredes había sido testigo de la caida del imperio romano, por lo menos.
A pesar de todo la casa estaba limpia, cerca del metro, y Maruja parecía una señora muy maja. Así que acepte quedarme allí una temporada.
Quedamos en que la semana siguiente me mudaría. Así tendría tiempo de avisar en la residencia y recuperar mi depósito.
Aquí se acabaría mi breve, primera etapa en la residencia del "Meeting Point", y comenzaría una nueva en Maruja´s House.
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martes, 27 de enero de 2009
11- ENCUENTRO CASUAL EN LA BAKERLOO LINE
"EL MOMENTO ELEGIDO POR EL AZAR VALE SIEMPRE MÁS QUE EL MOMENTO ELEGIDO POR NOSOTROS MISMOS" (Proverbio chino)
Llevaba ya casi un mes en Londres. En la residencia donde vivía me había cambiado al piso de arriba. Ahora compartía habitación con un Francés gay que trabajaba en el "pret a manger", cadena de tiendas de sandwiches.
Tenía la habitación decorada de mil colores y limpia como los chorros del oro. Y yo que en la habitación en la que estaba antes había puesto un clavo en cada pared y un cordel para colgar la colada.Cosa que no hacía aquí, le podía dar un infarto. A pesar de todo hicimos muy buenas migas y aprendimos mucho el uno del otro.
Después de varias semanas la mayoría de la gente que conocí cuando llegué a la residencia ya no vivía allí, y otros recién llegados habían ocupado su lugar. Yo pasé de novato a casi veterano para los recién llegados, y aunque no hablaba mucho inglés tenía algún consejo que ofrecer.
Al principio cuando llegas, dependiendo de las circunstancias de cada cual, buscas un trabajo para poder salir del paso, y luego ya cuando tienes la ocasión buscas algo mejor. Es muy importante hacerse el "insurance number" lo antes posible y abrir una cuenta bancaria.
Lo de abrir una cuenta bancaria era prácticamente misión imposible porque te pedían mil documentos, entre ellos: Algún recibo de gas, teléfono, etc a tu nombre; contrato de alquiler que demuestre que eres residente; y más cosas. Documentos que no tienes porque vives de "estranguis" en una residencia, y al final tienes que hacer mil chanchullos para abrirte la cuenta.
También es muy importante aprender a mentir en las entrevistas de trabajo: mentir sobre tu experiencia laboral, mentir sobre tus circunstancias, sobre el tiempo que piensas quedarte en Londres, sobre tu nivel de inglés, mentir lo que sea necesario para conseguir lo que quieres. Que después, ya cuando te den el puesto y se den cuenta, ya te apañarás.
Para los que estaban mas escasos de dinero, había "formulas de ahorro" en el transporte público, haciendo trampas con los pases semanales de metro o autobús. Todo dependía de hasta donde estaban dispuestos a arriesgarse, o hasta que punto necesitaban el dinero que se ahorraban. Y es que la necesidad agudiza el ingenio.
Lo más común era sacarse la travel card infantil, con el dinero que te ahorrabas te bebías cuatro pintas de cerveza en el pub. Que al fin y al cabo no hacías nada malo ya que si no dejabas el dinero en el transporte publico lo dejabas en el pub, contribuyendo así a la producción de cerveza que a su vez contribuye al aumento del producto interior bruto del país.
Total, que si llegaba el caso de que los vigilantes del metro te pillaban con la travel infantil te hacías el sueco o el spanish o lo que tu quieras, como si solo supieras decir: "I don't understand, sorry" o "Victoria station, please?". Luego, en el peor de los casos, se desvivían tratando de hacerte entender que les tenías que dar tu dirección y documentación para proceder a la denuncia. Entonces les sacabas el DNI español y los dejabas mas perplejos y cabreados que al principio. Y Cuando ya se subían por las paredes les dabas una dirección cualquiera, en ese momento ya estaban lo suficientemente extenuados como para comprobarlo.
A propósito del DNI, en España el DNI es tu documento nacional de identidad, pero en Inglaterra vale para más cosas: carné de estudiante, por ejemplo, para entrar gratis o con descuentos en museos, parques temáticos o discotecas.
Aunque cada vez cuela menos, yo al mío le saqué bastante partido. Lo más descarado que hice con el DNI fue sacarme un billete en el eurostar a Bruselas a mitad de precio. En realidad yo pensé que la oferta era aplicable a todo el mundo, pero en la ventanilla de venta me piden el carné de estudiante y ser menor de 26 años para poder optar a la oferta. Yo tenía entonces 28 años y no tenía carné de estudiante. Estaba con mi hermana Paula y una amiga las cuales ya se habían sacado el billete con sus respectivos carnés de estudiante. Y cuando quedaban dos minutos para la salida del tren, sin pensarlo dos veces y con muchas prisas le muestro al taquillero mi carné de identidad, el cual lo acepta como carné de estudiante, y ni siquiera se fijó en la fecha de nacimiento.
Las risas que nos hemos echado con el DNI.
Volviendo a mis primeras semanas en Londres. Yo estaba buscándome otro sitio para vivir ya que en la residencia estaba pagando 75 libras y sabía que podía encontrar algo más asequible por las mismas condiciones. Además quería ahorrarme algo para ir a clases y sacarme el "first certificate" de Inglés.
Un día a finales de febrero del 96 a las seis y media de la mañana me dirigía a coger la Bakerloo line en Queen's Park para ir al trabajo, cuando bajando las escaleras hacia el andén diviso a un tipo medio calvo que me resultaba familiar. Familiar no en el sentido de conocerlo de antes, sino de ser el estereotipo del gallego de toda la vida que te podías encontrar por mi pueblo. Lo acompañaban dos chicas.
Arrastrado por la curiosidad me posicioné a un par de metros de él. El andén estaba lleno de gente y pude oírlos hablar en español. Y efectivamente, -¡manda carallo!-, el tenía un acento gallego como el que tenemos en las rías bajas.
Cuando llegó el metro me senté en el único asiento que quedaba libre frente a ellos. A estas alturas y después de un mes en Londres, no sentía ningún interés en entablar una conversación con ellos como lo haría durante mis primeros días. Así que decidí pasar inadvertido.
Sin embargo el azar quiso que su conversación llamara mi atención: "bla, bla, bla........bla, bla, bla .... Casa Maruja..... bla,bla...... Habitación libre..... bla, bla..... 45 libras".
Continuara....
Llevaba ya casi un mes en Londres. En la residencia donde vivía me había cambiado al piso de arriba. Ahora compartía habitación con un Francés gay que trabajaba en el "pret a manger", cadena de tiendas de sandwiches.
Tenía la habitación decorada de mil colores y limpia como los chorros del oro. Y yo que en la habitación en la que estaba antes había puesto un clavo en cada pared y un cordel para colgar la colada.Cosa que no hacía aquí, le podía dar un infarto. A pesar de todo hicimos muy buenas migas y aprendimos mucho el uno del otro.
Después de varias semanas la mayoría de la gente que conocí cuando llegué a la residencia ya no vivía allí, y otros recién llegados habían ocupado su lugar. Yo pasé de novato a casi veterano para los recién llegados, y aunque no hablaba mucho inglés tenía algún consejo que ofrecer.
Al principio cuando llegas, dependiendo de las circunstancias de cada cual, buscas un trabajo para poder salir del paso, y luego ya cuando tienes la ocasión buscas algo mejor. Es muy importante hacerse el "insurance number" lo antes posible y abrir una cuenta bancaria.
Lo de abrir una cuenta bancaria era prácticamente misión imposible porque te pedían mil documentos, entre ellos: Algún recibo de gas, teléfono, etc a tu nombre; contrato de alquiler que demuestre que eres residente; y más cosas. Documentos que no tienes porque vives de "estranguis" en una residencia, y al final tienes que hacer mil chanchullos para abrirte la cuenta.
También es muy importante aprender a mentir en las entrevistas de trabajo: mentir sobre tu experiencia laboral, mentir sobre tus circunstancias, sobre el tiempo que piensas quedarte en Londres, sobre tu nivel de inglés, mentir lo que sea necesario para conseguir lo que quieres. Que después, ya cuando te den el puesto y se den cuenta, ya te apañarás.
Para los que estaban mas escasos de dinero, había "formulas de ahorro" en el transporte público, haciendo trampas con los pases semanales de metro o autobús. Todo dependía de hasta donde estaban dispuestos a arriesgarse, o hasta que punto necesitaban el dinero que se ahorraban. Y es que la necesidad agudiza el ingenio.
Lo más común era sacarse la travel card infantil, con el dinero que te ahorrabas te bebías cuatro pintas de cerveza en el pub. Que al fin y al cabo no hacías nada malo ya que si no dejabas el dinero en el transporte publico lo dejabas en el pub, contribuyendo así a la producción de cerveza que a su vez contribuye al aumento del producto interior bruto del país.
Total, que si llegaba el caso de que los vigilantes del metro te pillaban con la travel infantil te hacías el sueco o el spanish o lo que tu quieras, como si solo supieras decir: "I don't understand, sorry" o "Victoria station, please?". Luego, en el peor de los casos, se desvivían tratando de hacerte entender que les tenías que dar tu dirección y documentación para proceder a la denuncia. Entonces les sacabas el DNI español y los dejabas mas perplejos y cabreados que al principio. Y Cuando ya se subían por las paredes les dabas una dirección cualquiera, en ese momento ya estaban lo suficientemente extenuados como para comprobarlo.
A propósito del DNI, en España el DNI es tu documento nacional de identidad, pero en Inglaterra vale para más cosas: carné de estudiante, por ejemplo, para entrar gratis o con descuentos en museos, parques temáticos o discotecas.
Aunque cada vez cuela menos, yo al mío le saqué bastante partido. Lo más descarado que hice con el DNI fue sacarme un billete en el eurostar a Bruselas a mitad de precio. En realidad yo pensé que la oferta era aplicable a todo el mundo, pero en la ventanilla de venta me piden el carné de estudiante y ser menor de 26 años para poder optar a la oferta. Yo tenía entonces 28 años y no tenía carné de estudiante. Estaba con mi hermana Paula y una amiga las cuales ya se habían sacado el billete con sus respectivos carnés de estudiante. Y cuando quedaban dos minutos para la salida del tren, sin pensarlo dos veces y con muchas prisas le muestro al taquillero mi carné de identidad, el cual lo acepta como carné de estudiante, y ni siquiera se fijó en la fecha de nacimiento.
Las risas que nos hemos echado con el DNI.
Volviendo a mis primeras semanas en Londres. Yo estaba buscándome otro sitio para vivir ya que en la residencia estaba pagando 75 libras y sabía que podía encontrar algo más asequible por las mismas condiciones. Además quería ahorrarme algo para ir a clases y sacarme el "first certificate" de Inglés.
Un día a finales de febrero del 96 a las seis y media de la mañana me dirigía a coger la Bakerloo line en Queen's Park para ir al trabajo, cuando bajando las escaleras hacia el andén diviso a un tipo medio calvo que me resultaba familiar. Familiar no en el sentido de conocerlo de antes, sino de ser el estereotipo del gallego de toda la vida que te podías encontrar por mi pueblo. Lo acompañaban dos chicas.
Arrastrado por la curiosidad me posicioné a un par de metros de él. El andén estaba lleno de gente y pude oírlos hablar en español. Y efectivamente, -¡manda carallo!-, el tenía un acento gallego como el que tenemos en las rías bajas.
Cuando llegó el metro me senté en el único asiento que quedaba libre frente a ellos. A estas alturas y después de un mes en Londres, no sentía ningún interés en entablar una conversación con ellos como lo haría durante mis primeros días. Así que decidí pasar inadvertido.
Sin embargo el azar quiso que su conversación llamara mi atención: "bla, bla, bla........bla, bla, bla .... Casa Maruja..... bla,bla...... Habitación libre..... bla, bla..... 45 libras".
Continuara....
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sábado, 24 de enero de 2009
10- LA COCINA DE BABEL

"NUESTRA VERDADERA NACIONALIDAD ES LA DEL GÉNERO HUMANO" (Herbert George Wells)
El martes 6 de Enero llegué a mi primer trabajo en Londres, media hora antes de lo previsto.
El restaurante donde iba a trabajar se llamaba Lloyd's Restaurant, y estaba ubicado en un sótano, era un lugar donde acudían los ejecutivos adinerados de la "city" al mediodía. En el piso superior a nivel de calle había un Benjys (cadena de tiendas de sandwiches y ensaladas para llevar). En la cocina del Lloyd's se preparaban tanto platos para el restaurante como sandwiches y derivados para el Bengys de arriba.
Justo en la esquina opuesta de la calle estaba el emblemático Lloyd's Building, famoso por su extraña estructura y porque su red de tuberías, conductos eléctricos, escaleras y ascensores de cristal están ubicados en su parte exterior.
Mi trabajo en el restaurante consistía en fregar toda clase de cacharros del Lloyd's y del benjy's. Empezaba a trabajar a las siete y media de la mañana y terminaba a las cuatro de la tarde, el fin de semana lo tenía libre, y me pagarían 130 libras semanalmente. Que más podía pedir...
El chef, que se llamaba Didier, no tardó en darse cuenta que yo no lo entendía en absoluto. Por suerte para mí, los dos cocineros principales de la cocina eran portugueses, que por cierto, con Didier hablaban Francés, y conmigo hablaban portugués. Total, que lo que yo más hablaba en aquella cocina era gallego, de inglés nada.
Después estaba Mauricio, un camarero Brasileño que siempre me contaba sus batallitas sentimentales con sus numerosas amantes. Siempre estaba metido en líos.
Didier, que parecía sacado de una serie cómica de los años 80, era un cachondo mental y siempre estaba bromeando y haciendo reír a todos. Cuando soltaba una gracia u ocurrencia todos se partían de risa, y a él se le quedaba una cara de satisfacción absoluta. Yo no se si se reían porque les hacía gracia o porque era el jefe. Yo por mi parte era feliz fregando cacharros y echándome unas risas con mis amigos los portugueses.
En una sección de la cocina esta ubicada la parte destinada a hacer los rellenos de los sandwiches para el Benjy's de arriba. Allí trabajaban varias chicas polacas y rusas. En esa sección solo se escuchaba hablar polaco o ruso. Les pagaban una miseria y su jefa, polaca también, era una déspota. Los portugueses les llamaban a todas ellas María, el nombre de mujer más popular en Portugal. también trabajaba con ellas Filipo, un tipo cuatro por cuatro al que no le podías ver el color de la piel de sus brazos porque los tenía totalmente cubiertos de tatuajes al igual que su cuello, era muy majo.
Después estaba Mota que trabajaba de cocinero, un africano alto y escuálido que presumía constantemente de sus atributos varoniles. Los portugueses no paraban de vaciarle y de tocarle los huevos, pero porque él se lo buscaba.
Acabé mi primer día de trabajo empapado en un coctel cultural abrumador. Curioso que entre toda la gente que trabajaba allí no había ni un solo Inglés, a lo sumo un camarero Irlandés que olvide mencionar.
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martes, 20 de enero de 2009
9- BUSCANDO TRABAJO EN LONDRES
"LEVÁNTATE, SACÚDETE EL POLVO Y COMIENZA DE NUEVO"
Durante las dos primeras semanas fui a más de quince entrevistas de trabajo concertadas y recorrí las zonas turísticas con mayor concentración de bares, restaurantes, hoteles, etc. Mis compañeros de residencia me consiguieron alguna que otra entrevista en sus lugares de trabajo.
Me levantaba cada día a las seis de la mañana y regresaba a las siete o a las ocho de la tarde, estaba siempre metido en el metro de aquí para allá. Pero nada, no encontraba nada: Unos decían que era mala época y que hasta dentro de un par de meses no había nada; otros decían que mi inglés no era suficiente; otros decían... que sé yo que decían. Y así iban pasando los días.
A veces esperando para alguna entrevista conocía a alguien que había venido a lo mismo que yo, y surgía una amistad efímera durante la cual nos contábamos a grandes rasgos nuestras vidas e intercambiábamos información útil. Después de ese día en la gran mayoría de los casos no nos volvíamos a ver.
Me resultaba increíble la cantidad de cosas que se podía llegar a aprender de las muy variadas experiencias de los demás. Mis técnicas de entrevistado mejoraron notablemente hacia el final de la segunda semana. Engañaba a mi entrevistador haciéndole creer que entendía todo lo que me iba diciendo, mis respuestas a sus preguntas eran lacónicas y concisas. Escuchaba con gran atención aunque no entendiera nada, y de vez en cuando asentía con la cabeza. Básicamente iba leyendo sus gestos y escuchado sus tonos de voz, a los cuales yo respondía en consecuencia: -aha..really!...sure...I agree....mmm...
Después de dos semanas en Londres comiendo spaghettis y "hamburguesas" baratas, estaba ya un poco desesperado. A pesar de todos mis esfuerzos no lograba encontrar trabajo.
Entonces, un lunes por la mañana me levanté temprano como todos los días, y me dirigí a la estación de Liverpool Street que estaba en el este, al otro extremo de la ciudad. Después recorrí la "city", que es la zona financiera de Londres, por Bank, Moorgate, Barbican, etc.
Esta zona de Londres, de lunes a viernes está atiborrada de ejecutivos trajeados que transitan con prisas sus calles, pero al llegar el fin de semana se queda totalmente desierta, como si de una ciudad fantasma se tratase. Entré en un restaurante cerca de Bank Station, me acerqué a uno de los camareros y le dije:
-Good mornig, I am looking for a job...
-Wait a moment, I call the boss -contestó.
Entró en la cocina y unos minutos más tarde salió el chef, un francés vestido de un blanco impecable y un bigote al estilo Fredie Mercury. Me preguntó mi nacionalidad y yo le dije: -Spanish. Luego me preguntó si hablaba Inglés y yo le dije: -Of course.
Me llevó a la cocina y me mostró los fregaderos, la maquina lava platos, el cuarto de la basura...Hablando y gesticulando a gran velocidad. Si a otros los entendía muy poco, a este no le entendía absolutamente nada. Hablaba en inglés pero con entonación francesa, sin embargo era muy expresivo y podía intuir un poco lo que decía, yo le decía "yes" a todo. Total que cuando acabó me dijo: - ok?, tomorrow at 7:30?, a lo cual yo le respondí todo serio y conteniendo mi entusiasmo: -ok, see you tomorrow, Thank you very much.
Volví a Queen's Park dando saltos de alegría, había encontrado trabajo, creo que de fregaplatos, que más da de que -pensé.
No podía ocultar mi exaltación, aparta mundo que te confundo. Ya podía quedarme en Londres y pagar el alquiler, la travel card, tal vez ir a clase de Inglés más adelante, y lo nunca visto, iba a ir al super y comprar carne de verdad.
Esa noche casi no dormí pensando en el bigote de Fredie Mercury, y en todo lo acontecido en las últimas dos semanas, hasta ese momento habían sido las dos semanas más intensas de mi vida. Y hoy había encontrado un trabajo que muchos no querrían, pero que para mí era una gran oportunidad.
Muchas veces no distinguimos las oportunidades que nos ofrece la vida porque se nos presentan camufladas.
Durante las dos primeras semanas fui a más de quince entrevistas de trabajo concertadas y recorrí las zonas turísticas con mayor concentración de bares, restaurantes, hoteles, etc. Mis compañeros de residencia me consiguieron alguna que otra entrevista en sus lugares de trabajo.
Me levantaba cada día a las seis de la mañana y regresaba a las siete o a las ocho de la tarde, estaba siempre metido en el metro de aquí para allá. Pero nada, no encontraba nada: Unos decían que era mala época y que hasta dentro de un par de meses no había nada; otros decían que mi inglés no era suficiente; otros decían... que sé yo que decían. Y así iban pasando los días.
A veces esperando para alguna entrevista conocía a alguien que había venido a lo mismo que yo, y surgía una amistad efímera durante la cual nos contábamos a grandes rasgos nuestras vidas e intercambiábamos información útil. Después de ese día en la gran mayoría de los casos no nos volvíamos a ver.
Me resultaba increíble la cantidad de cosas que se podía llegar a aprender de las muy variadas experiencias de los demás. Mis técnicas de entrevistado mejoraron notablemente hacia el final de la segunda semana. Engañaba a mi entrevistador haciéndole creer que entendía todo lo que me iba diciendo, mis respuestas a sus preguntas eran lacónicas y concisas. Escuchaba con gran atención aunque no entendiera nada, y de vez en cuando asentía con la cabeza. Básicamente iba leyendo sus gestos y escuchado sus tonos de voz, a los cuales yo respondía en consecuencia: -aha..really!...sure...I agree....mmm...
Después de dos semanas en Londres comiendo spaghettis y "hamburguesas" baratas, estaba ya un poco desesperado. A pesar de todos mis esfuerzos no lograba encontrar trabajo.
Entonces, un lunes por la mañana me levanté temprano como todos los días, y me dirigí a la estación de Liverpool Street que estaba en el este, al otro extremo de la ciudad. Después recorrí la "city", que es la zona financiera de Londres, por Bank, Moorgate, Barbican, etc.
Esta zona de Londres, de lunes a viernes está atiborrada de ejecutivos trajeados que transitan con prisas sus calles, pero al llegar el fin de semana se queda totalmente desierta, como si de una ciudad fantasma se tratase. Entré en un restaurante cerca de Bank Station, me acerqué a uno de los camareros y le dije:
-Good mornig, I am looking for a job...
-Wait a moment, I call the boss -contestó.
Entró en la cocina y unos minutos más tarde salió el chef, un francés vestido de un blanco impecable y un bigote al estilo Fredie Mercury. Me preguntó mi nacionalidad y yo le dije: -Spanish. Luego me preguntó si hablaba Inglés y yo le dije: -Of course.
Me llevó a la cocina y me mostró los fregaderos, la maquina lava platos, el cuarto de la basura...Hablando y gesticulando a gran velocidad. Si a otros los entendía muy poco, a este no le entendía absolutamente nada. Hablaba en inglés pero con entonación francesa, sin embargo era muy expresivo y podía intuir un poco lo que decía, yo le decía "yes" a todo. Total que cuando acabó me dijo: - ok?, tomorrow at 7:30?, a lo cual yo le respondí todo serio y conteniendo mi entusiasmo: -ok, see you tomorrow, Thank you very much.
Volví a Queen's Park dando saltos de alegría, había encontrado trabajo, creo que de fregaplatos, que más da de que -pensé.
No podía ocultar mi exaltación, aparta mundo que te confundo. Ya podía quedarme en Londres y pagar el alquiler, la travel card, tal vez ir a clase de Inglés más adelante, y lo nunca visto, iba a ir al super y comprar carne de verdad.
Esa noche casi no dormí pensando en el bigote de Fredie Mercury, y en todo lo acontecido en las últimas dos semanas, hasta ese momento habían sido las dos semanas más intensas de mi vida. Y hoy había encontrado un trabajo que muchos no querrían, pero que para mí era una gran oportunidad.
Muchas veces no distinguimos las oportunidades que nos ofrece la vida porque se nos presentan camufladas.
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viernes, 16 de enero de 2009
8- A LA CAZA DE UN EMPLEO
"SI NO CREES QUE CADA DÍA ES UN BUEN DÍA, PRUEBA A PERDERTE UNO"
A las siete de la mañana sonó el despertador. Abrí los ojos y dudé unos instantes, había vuelto a soñar que todo era un sueño.
En fin, me alegré de estar donde estaba y me preparé para empezar mi primer día de "job hunting". Abrí la mini-nevera, me tapé la nariz y engullí un trago de leche. La leche a palo seco siempre me dio nauseas, pero no tenía otra cosa a mano. Jamás pensé que pudiera hacerlo, pero como todo lo demás, nunca sabes de lo que eres capaz hasta que lo intentas.
A las siete y media pasadas ya estaba en la estación de metro de "Queen's Park", con mi mochila y mi mapa. Empezaría mi búsqueda por "Oxford Street" y "Bond Street", para después, si me quedaba tiempo, continuar por "Covent Garden".
Recorrí todos los restaurantes, hoteles, bares y demás preguntado si había vacantes, pero no hubo suerte. Luego cogí el metro para dirigirme a "Covent Garden", pero me equivoqué de linea y fui a parar a la estación de "Waterloo". Aproveche que estaba allí para rastrear la zona, pero básicamente me enfrentaba a un problema de comunicación con cualquiera que hablara, o bien me decían que no hablaba bien Inglés, o que no era la mejor época, o yo que sé que me decían.
Después de todo el día de aquí para allá, ya estaba hasta la coronilla de tanto "I am looking for a job", así que cogí el metro para regresar a la residencia. Cuando salí del metro en Queen's Park ya había anochecido, miré el reloj y aún no eran las cinco de la tarde. -¡Hay va la hostia!-. La temperatura era de seis grados bajo cero y caían algunos copos de nieve que no llegaban a cuajar.
En la residencia la calefacción estaba siempre a tope, y aunque en la calle hubiera 6 grados bajo cero, cuando entrabas te tenías que quitar todo y quedarte en mangas de camisa, si no querías asfixiarte de calor.
Cuando llegué estaba agotado, me duché y esperé a que llegara todo el mundo. Aproveché para estudiar un poco. Al día siguiente tenía una cita en una especie de agencia laboral para recién llegados. En el plazo de un par de semanas, se suponía que te conseguían seis entrevistas de trabajo adecuadas al nivel de Ingles que tuvieses. Si en esas seis entrevistas no encontrabas un empleo, ahí se acababa su servicio.
Esa noche cuando llegó todo el mundo a casa, nos reunimos unos cuantos en la habitación de Paolo y Fabio, que era la habitación más grande que había en la casa, y a veces nos imaginábamos que era el salón. A falta de salón, la habitación de Paolo y Favio.
Después llegó Vicente, y como sabíamos que sabía tocar la guitarra, le pedimos que se la bajara y nos diera un concierto.Nos sentamos en el suelo y tocamos, cantamos y reímos. Yo personalmente aluciné con el repertorio acústico de Vicente.
Cuando alguien nuevo llegaba a la casa, se integraba inmeditamente, era como si nos conociéramos de toda la vida, a pesar de que solo estábamos allí de paso o en tránsito, y buscando un sitio más asequible para vivir.
A veces comentábamos entre nosotros que si nos subiésemos conocido en cualquiera de nuestros lugares de origen, probablemente nunca llegaríamos a entablar ninguna amistad o vinculo social ya que proveníamos de áreas sociales y culturales muy distintas. Sin embargo en Londres, en aquella casa, nuestras vidas se cruzaban.
A las siete de la mañana sonó el despertador. Abrí los ojos y dudé unos instantes, había vuelto a soñar que todo era un sueño.
En fin, me alegré de estar donde estaba y me preparé para empezar mi primer día de "job hunting". Abrí la mini-nevera, me tapé la nariz y engullí un trago de leche. La leche a palo seco siempre me dio nauseas, pero no tenía otra cosa a mano. Jamás pensé que pudiera hacerlo, pero como todo lo demás, nunca sabes de lo que eres capaz hasta que lo intentas.
A las siete y media pasadas ya estaba en la estación de metro de "Queen's Park", con mi mochila y mi mapa. Empezaría mi búsqueda por "Oxford Street" y "Bond Street", para después, si me quedaba tiempo, continuar por "Covent Garden".
Recorrí todos los restaurantes, hoteles, bares y demás preguntado si había vacantes, pero no hubo suerte. Luego cogí el metro para dirigirme a "Covent Garden", pero me equivoqué de linea y fui a parar a la estación de "Waterloo". Aproveche que estaba allí para rastrear la zona, pero básicamente me enfrentaba a un problema de comunicación con cualquiera que hablara, o bien me decían que no hablaba bien Inglés, o que no era la mejor época, o yo que sé que me decían.
Después de todo el día de aquí para allá, ya estaba hasta la coronilla de tanto "I am looking for a job", así que cogí el metro para regresar a la residencia. Cuando salí del metro en Queen's Park ya había anochecido, miré el reloj y aún no eran las cinco de la tarde. -¡Hay va la hostia!-. La temperatura era de seis grados bajo cero y caían algunos copos de nieve que no llegaban a cuajar.
En la residencia la calefacción estaba siempre a tope, y aunque en la calle hubiera 6 grados bajo cero, cuando entrabas te tenías que quitar todo y quedarte en mangas de camisa, si no querías asfixiarte de calor.
Cuando llegué estaba agotado, me duché y esperé a que llegara todo el mundo. Aproveché para estudiar un poco. Al día siguiente tenía una cita en una especie de agencia laboral para recién llegados. En el plazo de un par de semanas, se suponía que te conseguían seis entrevistas de trabajo adecuadas al nivel de Ingles que tuvieses. Si en esas seis entrevistas no encontrabas un empleo, ahí se acababa su servicio.
Esa noche cuando llegó todo el mundo a casa, nos reunimos unos cuantos en la habitación de Paolo y Fabio, que era la habitación más grande que había en la casa, y a veces nos imaginábamos que era el salón. A falta de salón, la habitación de Paolo y Favio.
Después llegó Vicente, y como sabíamos que sabía tocar la guitarra, le pedimos que se la bajara y nos diera un concierto.Nos sentamos en el suelo y tocamos, cantamos y reímos. Yo personalmente aluciné con el repertorio acústico de Vicente.
Cuando alguien nuevo llegaba a la casa, se integraba inmeditamente, era como si nos conociéramos de toda la vida, a pesar de que solo estábamos allí de paso o en tránsito, y buscando un sitio más asequible para vivir.
A veces comentábamos entre nosotros que si nos subiésemos conocido en cualquiera de nuestros lugares de origen, probablemente nunca llegaríamos a entablar ninguna amistad o vinculo social ya que proveníamos de áreas sociales y culturales muy distintas. Sin embargo en Londres, en aquella casa, nuestras vidas se cruzaban.
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sábado, 10 de enero de 2009
7- PRIMEROS RECUERDOS DE UNA NUEVA VIDA

"NO OLVIDES TU HISTORIA NI TU DESTINO" (Bob Marley)
Volví a la residencia al mediodía a comer algo y luego salí a dar una vuelta por la zona de Queen´s Park para conocer un poco mejor la zona. Me compré un mapa con todas las zonas y Barrios de Londres en un "News agent", que son unas pequeñas tiendas locales que están por todas partes y regentadas por ciudadanos de origen indio en las que se vende de todo, y cuando digo de todo es de todo. Podemos encontrar desde periódicos, revistas, mapas y snacks hasta bebidas alcohólicas, cigarrillos, medicamentos, lotería, fruta, legumbres, congelados, sandwiches y mucho mucho más. También te renuevan la travelcard, pase de autobús, etc.... Cuando ibas a comprar algo a la tienda de la esquina siempre decías "voy al indio".
El mapa que me compré parecía una enciclopedia, tenía dos centímetros de grosor pero contenía absolutamente todas las zonas y era de fácil manejo. Nos hicimos inseparables durante las siguientes semanas.
Cuando regresé a la residencia eran más de las siete de la tarde, y ya había mucha gente pululando por la casa, solía ser la hora en que casi todo el mundo volvía de sus "quehaceres" diarios.
Conocí a Juan y a Vicente, que eran dos españoles que llevaban unas semanas en la casa. Juan era muy joven y trabajaba por las tardes en un cine. Sus padres le enviaban dinero para costearle los estudios, pero él nunca iba a clase y se lo gastaba todo de fiesta en fiesta. Era un vividor hiper activo y sus salidas nocturnas solían hacer historia.
Vicente por otro lado era mucho más tranquilo y se ganaba la vida a duras penas, era un tipo muy bohemio y extremadamente inteligente. Tenía unos treinta y algo de años y había nacido en el barrio madrileño de Carabanchel, aunque desde los 18 años había estado de aquí para allá. conoció a Rosendo Mercado y Ramiro Penas en su época de adolescente, y siempre nos contaba historias de esa etapa de su vida. Tenía una guitarra acústica, y a veces nos reuníamos a su alrededor para escucharlo tocar.
Más tarde llegó Raúl, eufórico de alegría, se mudaba la semana siguiente. Le habían ofrecido alojamiento en casa de sus amigos que vivían en el este. Le dí la enhorabuena y me fui a la cocina a freír un sucedáneo de hamburguesa y un par de huevos en la sartén.
Fabio y Paolo, dos Italianos que hablaban a gritos, estaban preparándose unos espaguetis a la putanesca. Tuvimos la típica conversación en inglés: "How are you?, where are you from?, how long you have you been in london for?, have you found a job?".... y al final acabamos hablando una mezcla de spanish-italian.
Con los franceses era más difícil entenderse, porque entonces yo francés no sabía absolutamente nada, y al acabarse el repertorio de: "How are you?, where are yor from?, how long you have been in london for?"...Se acababa ya la conversación. Había una Francesa muy sexy con la que yo pretendía ir más lejos, nos sentábamos todas las noches en la moqueta del suelo del pasillo, y diccionario en mano tratábamos de intimar, pero no hubo manera.
Cada noche, antes de acostarme, me mataba a estudiar inglés con unos fascículos y cassettes de Planeta Agostini que me había metido en la maleta.
Cuando le enseñé los fascículos a Paolo se echó a reír y dijo que no se lo podía creer. Se fue corriendo y regresó con los mismos fascículos en versión italiana.
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lunes, 5 de enero de 2009
6- PRIMERA NOCHE EN EL EXTRANJERO

"LOS SUEÑOS SON SUMAMENTE IMPORTANTES. NADA SE HACE SIN QUE ANTES SE IMAGINE"
Me desperté, abrí los ojos y miré a mi alrededor. Estaba en mi habitación y en casa de mis padres en Galicia. Todo lo acontecido, mi viaje a Londres, había sido un sueño. No era de extrañar que tuviera un sueño tan extremadamente real, ya que el atreverme a tomar la decisión de dejarlo todo y marcharme a la aventura no había dejado de ser un sueño para mí desde hacía un tiempo. Me sentí tremendamente triste y decepcionado.
Oí una voz que me llamaba: -"Nacho, Nacho..."-, abrí los ojos y ví a Raul, mi compañero de habitación. -Creo que tenías una pesadilla- Dijo.
Primero sentí confusión durante unos segundos, luego un alivio inmenso que no podría describir con palabras. Estaba realmente allí, en la residencia, en Queen´s Park, en Londres. Nunca antes me había pasado nada parecido.
Le pregunté a Raúl que iba a hacer, y me dijo que se iba a casa de sus amigos porque le habían comentado de un trabajo y tal y cual. Yo por mi parte salí al pasillo para ver si veía a alguien que me pudiera informar del super más cercano, ya que estaba hambriento y no tenía nada para desayunar. Y si pudiese ser que me pusiesen al día de la vida en Londres: transporte, trabajo, compras, etc, etc y etc, debía organizarme bien si quería que mi odisea no se convirtiese en un fracaso.
En una media hora conocí a una chica española, dos chicos españoles, 3 italianos, un ruso y un francés. Todos eran gente muy maja y llevaban menos de tres meses en Londres. Enseguida me di cuenta que estaba en desventaja en cuanto a experiencia e idioma, por no hablar de la escasa trayectoria educativa que yo tenía respecto a ellos. Sin embargo, el lado positivo era que yo tenía más que ganar.
Cuando salí a la calle para dirigirme al "Kwik Save", el supermercado de marcas blancas más barato que había en la zona, ya sabía que tenía que hacerme una foto carné para la travel card, que el tabaco era dos veces más caro que en España y que si no hablabas bien inglés lo tenías jodido. A pesar de todo yo me sentía mejor que nunca, si había llegado hasta aquí podía llegar un poco más lejos. Pensé en aquella frase que decía "No existen las malas experiencias, solo experiencias constructivas".
Hice la travel, compré 24 huevos por una libra y media, dos paquetes de espaguetis por el precio de uno, 20 hamburguesas por una libra (a saber lo que contenían) y una botella de 2 litros de leche semi desnatada. Lo más caro fue la travelcard, 16 libras que costaba entoces zona 1 y 2, con eso yo no contaba. El transporte público en Londres, decían que era el más caro de todos los países europeos.
Después desde una cabina llamé a mi familia a cobro revertido con el número de España directo. La teleoperadora española se echó unas risas conmigo cuando le contesté "yes" a una pregunta que me hizo. Después me deseó buena suerte.
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viernes, 2 de enero de 2009
5- HOGAR DE PASO
"LONDRES, DONDE TODO ES ETERNAMENTE PASAJERO"
Salí de la oficina del "Meeting Point" con un mapa a grandes rasgos de Queen's Park. Tenía que volver a coger 2 lineas de metro para llegar, una vez allí buscar una calle llamada "Bravington Road", donde estaba mi nuevo hogar, al menos las próximas 2 semanas.
Al salir de la estación de Queen's Park no conseguía orientarme, ya que el mapa que me habían dado era un tanto engañoso y precario. Me acerqué a preguntar a una joven viandante que huyó despavorida antes de que pudiera abrir la boca. Después de unos cuantos "excuse me...", logré llamar la atención de un paisano que me indicó hacia donde me tenía que dirigir, aunque no estaba muy seguro si me daba instruciones o si blasfemaba.
Eché a andar y al final encontré la calle, la recorrí hasta encontrar el número doscientos quien sabe cuanto y llamé al timbre. Un par de tipos con atuendo de vídeo clip de AC/DC me recibieron -¡Como mola!-, pensé.
Me acompañaron a la parte de atrás de la casa y salimos a una especie de jardín, bueno más que un jardín era el vertedero de los trastos viejos. Allí estaba la oficina, una vieja caseta de madera que solo la abrían por las mañanas y luego la cerraban con cuatro candados el resto del día. En su interior estaba jhon, un tipo con pinta de ganster que lucia orgulloso un tatuaje en su labio inferior, -que dolor-. Me dijo que tenía que dejar un depósito en concepto de fianza la cual me devolverían cuando dejara la casa, eso sí tenía que avisar con una semana de antelación como mínimo, a poder ser dos.
Me dio unas llaves y me mostró mi habitación que compartiría con otro chico que vendría esa misma noche. Era un cuarto simple pero limpio, había dos camas, un pequeño armario empotrado, una mesilla de noche y un mini frigorífico en una esquina que hacía un ruido infernal.
Esta residencia la formaban dos casas de estilo victoriano que se comunicaban entre sí en su interior. Había tres plantas más una buhardilla, las más de veinte habitaciones que había eran casi todas dobles y tenían cerraduras individuales. Los baños y duchas estaban distribuidos entre las varias plantas, y las cocinas eran dos, una en la planta baja y otra en la primera planta. Las zonas de encuentro social eran los pasillos o las cocinas.
Poco después de acomodarme llegó el que iba a ser mi compañero de habitación, se llamaba Raúl y era de Madrid, ya había estado en Londres un par de semanas con anterioridad, y también había estado viviendo en Nueva York durante 3 meses. Nos interrogamos mutuamente durante unos 15 minutos y después se fue pitando, dijo que tenía unos conocidos en Londres y que había quedado con ellos para ver si le podían echar una mano con lo del trabajo y alojamiento, porque nada más entrar en la casa dijo: -yo aquí no me quedo-.
Esa misma noche conocí por los pasillos de la casa a 2 españoles, una española, dos italianos, una francesa y un ruso. Lo que más abundaba eran Italianos y Españoles. Cada día se iba o venía alguien, era imposible conocer a todo el mundo, pero se respiraba muy buen ambiente.
Eran ya las diez de la noche, busqué la ducha más cercana, me duché y comí un bocata que tenía en la mochila. Después me desplomé en la cama y me quedé dormido al instante.
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miércoles, 31 de diciembre de 2008
4- SIN DESTINO FIJO

"PUEDE QUE NO ENCUENTRE NADA QUE ME COMPLAZCA, PERO AL MENOS ENCONTRARÉ ALGO NUEVO"
Cada dos o tres minutos sale un metro desde el aeropuerto de heathrow al centro de Londres, y siempre va lleno. En las taquillas, para comprar los tickets, casi siempre hay cola, así que es mejor que vayas directamente a las máquinas expendedoras de tickets. Pero si te vas a quedar una semana o más, la mejor opción es sacarse la oystercard, que entró en funcionamiento en el año 2003 y sustituye a la anterior "travelcard". se trata de un billete electrónico con formato de tarjeta plástica que sirve para metro, autobuses y trenes en el centro y alrededores de Londres.
Cuando yo llegué a Londres en el año 96, no existía la oystercard, si no la "travelcard" que yo desconocía, al igual que desconocía el funcionamiento de esas diabólicas maquinas expendedoras de tickets. Así que después de hacer cola una media hora frente a la taquilla conseguí comprarme un billete de ida a High Street Kensington.
El metro de Londres es el metro más antiguo del mundo y uno de los más grandes. con unas 275 estaciones. Existen 12 lineas con colores diferentes y se distinguen según la dirección en eastboud, westbound, northbound o southbound. Hay que mirar con detenimiento las señales de los andenes y destinos ya que a veces hay desvíos y ramificaciones. viajar en él es toda una experiencia antropológica.
Me cambié de linea en Earl's Court y cogí la district hacia el norte, una vez en High Street Kensington seguí las instrucciones para encontrar el "meetin point". Y cual sería mi sorpresa que allí estaba, menos mal. Incluso el empleado que me atendió chapurreaba el español, por suerte para mí.
Me dijeron que podía elegir entre dos residencias para alojarme, una estaba en "Queen's park" y la otra en "Finsbury Park". Mostrándome un mapa del metro me señaló su ubicación, ambas estaciones se encontraban en zona 2 con respecto al centro.
Londres está dividido en zonas circundántes partiendo de zona 1 que es el centro hasta la zona 6 que es la periferia. Las distancias son enormes y el uso del transporte público es indispensable.
Su población urbana supera los 8 millones de habitantes y su área metropolitana ronda los 14 millones. y se hablan más de 300 lenguas diferentes.
En fin, lo que me deparaba el futuro, en parte dependía de la elección entre dos estaciones de metro, una en un extremo y la otra en otro, y ambas a la misma distancia del centro más o menos.
Al final me decanté por Queen's Park, por elegir una. Hoy me pregunto cual diferente sería mi vida si hubiera elegido la otra, tal vez no habría conocido la gente que conozco hoy, y la cadena de eventos que se suceden en la vida me hubiesen llevado por otros caminos y hacia otro destino.
A veces nos hayamos sumergidos en nuestra rutina diaria y nos quejamos de vicio por muchas cosas que no van bien en nuestra vida, sin darnos cuenta de la cantidad de ocasiones que se nos presentan diariamente para cambiar nuestras vidas si queremos. Sin embargo no las vemos.
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lunes, 29 de diciembre de 2008
3- LONDRES Y SUS AEROPUERTOS

"A QUIENES ME PREGUNTAN LA RAZÓN DE MIS VIAJES, LES CONTESTO QUE SÉ BIEN DE LO QUE HUYO PERO IGNORO LO QUE BUSCO"
Saqué la maleta de la cinta transportadora de recogida de equipaje del aeropuerto de Heathrow y salí a la zona comercial. Era inmensa y llena de tiendas con toda clase de productos inimaginables importados de todas las partes del mundo.
El aeropuerto de Heathrow es el aeropuerto internacional de mayor tráfico, sus cinco terminales cubren más de 180 destinos a más de 90 países, y eso que hay cuatro aeropuertos más para la ciudad de Londres: Stamstead, Gatwick, luton y London City Airport.
Heathrow es el único que que dispone de metro desde sus cinco terminales al centro de Londres, aunque los otros cuatro están muy bien comunicados por trenes y autobuses al centro igualmente. Aparte de esto hay muy buenas conexiones entre los cinco aeropuertos.
Después de escanear los numerosos y variopintos paneles informativos que veía a mi alrededor, divisé uno que decía: "Taxis to Central London".
Pensé que la mejor opción por seguridad y inexperiencia sería coger un taxi, además llevaba un bolso y una mochila que pesaban un quintal, más el peso de las horas acumuladas que llevaba sin dormir. Y es que la noche anterior no había pegado ojo.
Una vez ensayada mentalmente la frase, me acerqué al empleado con cara de doberman de la oficina de taxis y le pregunté: "Excuse me, how much a taxi to central London?".
Una vez averiguado el précio del taxi, decidí cambiar de planes, la mejor opción era coger el metro.
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domingo, 28 de diciembre de 2008
2- UN VIAJE CON BILLETE DE IDA
"El primer paso para conseguir lo que queremos en la vida es decidir lo que queremos"
De las casi dos horas de avión hacia el aeropuerto de Heathrow hicieron que mi mente echara a navegar.
Dos días antes me había despedido de mis amigos de farras, ninguno apostaba un duro por mí. Incluso uno de ellos me apostó 10.000 pesetas (60 euros) a que en menos de un mes estaría de vuelta. Pero yo sabía que pasara lo que pasara no iba a ser así, ya lo había decidido.
Es curioso que cuando no tenemos nada que perder y nada que nos ate, es cuando nos damos cuenta que solo necesitamos decidir lo que queremos para conseguirlo.
Yo iba a encontrar un trabajo, de lo que fuese, y aprender Inglés. Pero primero un trabajo, porque solo tenía dinero para tres o cuatro semanas y un billete de ida.
Había reservado alojamiento en una residencia para dos semanas a través de una agencia de Madrid que contacté por teléfono, ya que en la época Internet era prácticamente inexistente. Les mandé el pago de dos semanas por adelantado más una comisión que se quedaban ellos por el servicio prestado. A cambio me enviaron los detalles y como llegar. Recibí unas instrucciones y un mapa del metro londinense.
Se suponía que tenía que coger el metro en el aeropuerto de Heathrow hacia el centro, luego me bajaba en Earl's court y me cambiaba de linea para proseguir hacia el norte y bajarme en High street Kensington. Una vez allí saldría de la estación, giraba a la derecha y caminaba cinco minutos hasta los segundos semaforos, allí giraba a la izquierda y econtraba la calle "No me acuerdo Street". En el número tal y cual, en el primer piso estaría ubicada una oficina llamada "Meeting Point". Donde yo me tenía que presentar.
Tenía la esperanza de que aquella oficina estaría allí, aunque mi familia lo dudaba. Todo el tinglado les resultaba muy extraño. Pasara lo que pasara, volver no era una opción.
De las casi dos horas de avión hacia el aeropuerto de Heathrow hicieron que mi mente echara a navegar.
Dos días antes me había despedido de mis amigos de farras, ninguno apostaba un duro por mí. Incluso uno de ellos me apostó 10.000 pesetas (60 euros) a que en menos de un mes estaría de vuelta. Pero yo sabía que pasara lo que pasara no iba a ser así, ya lo había decidido.
Es curioso que cuando no tenemos nada que perder y nada que nos ate, es cuando nos damos cuenta que solo necesitamos decidir lo que queremos para conseguirlo.
Yo iba a encontrar un trabajo, de lo que fuese, y aprender Inglés. Pero primero un trabajo, porque solo tenía dinero para tres o cuatro semanas y un billete de ida.
Había reservado alojamiento en una residencia para dos semanas a través de una agencia de Madrid que contacté por teléfono, ya que en la época Internet era prácticamente inexistente. Les mandé el pago de dos semanas por adelantado más una comisión que se quedaban ellos por el servicio prestado. A cambio me enviaron los detalles y como llegar. Recibí unas instrucciones y un mapa del metro londinense.
Se suponía que tenía que coger el metro en el aeropuerto de Heathrow hacia el centro, luego me bajaba en Earl's court y me cambiaba de linea para proseguir hacia el norte y bajarme en High street Kensington. Una vez allí saldría de la estación, giraba a la derecha y caminaba cinco minutos hasta los segundos semaforos, allí giraba a la izquierda y econtraba la calle "No me acuerdo Street". En el número tal y cual, en el primer piso estaría ubicada una oficina llamada "Meeting Point". Donde yo me tenía que presentar.
Tenía la esperanza de que aquella oficina estaría allí, aunque mi familia lo dudaba. Todo el tinglado les resultaba muy extraño. Pasara lo que pasara, volver no era una opción.
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sábado, 27 de diciembre de 2008
1- DE GALICIA A LONDRES A BUSCARSE LA VIDA.
"Cada momento de tu vida puede ser el principio de un gran suceso"
Fue el 22 de enero cuando me fui a Londres por primera vez, sin prácticamente hablar Inglés y con un billete de ida a la aventura.
Tenía 26 años y nunca había viajado al extranjero. Mi vida había transcurrido de bar en bar desde dejados mis estudios a los 17 años. la mayoría de estos años me dediqué a trabajar de peón en la construcción.
Vivía esperando el fin de semana, lo único que me importaba era: sexo, drogas y rock and roll, aunque en mi caso en sentido inverso: rock and roll, drogas, y si había suerte... sexo.
A raíz de un accidente de tráfico que tuve en octubre del año 95, del cual me salvé de milagro, tomé la decisión de cambiar mi vida, ya que me había quedado estancado con los años. No tenía nada que perder, pues me había quedado sin trabajo, sin coche, sin un futuro prometedor, y me sentía de alguna manera fracasado.
Lo que vino después fueron las experiencias más enriquecedoras de mi vida.
Me despedí de mi familia y pasé el control de seguridad del aeropuerto de Santiago de Compostela. Mientras me dirigía a la puerta de embarque, pensaba en los pocos recursos que tenía para empezar de cero en una ciudad que se me quedaba inmensamente grande. sin embargo tenía lo más importante: ilusión y ganas de comerme el mundo.
Fue el 22 de enero cuando me fui a Londres por primera vez, sin prácticamente hablar Inglés y con un billete de ida a la aventura.
Tenía 26 años y nunca había viajado al extranjero. Mi vida había transcurrido de bar en bar desde dejados mis estudios a los 17 años. la mayoría de estos años me dediqué a trabajar de peón en la construcción.
Vivía esperando el fin de semana, lo único que me importaba era: sexo, drogas y rock and roll, aunque en mi caso en sentido inverso: rock and roll, drogas, y si había suerte... sexo.
A raíz de un accidente de tráfico que tuve en octubre del año 95, del cual me salvé de milagro, tomé la decisión de cambiar mi vida, ya que me había quedado estancado con los años. No tenía nada que perder, pues me había quedado sin trabajo, sin coche, sin un futuro prometedor, y me sentía de alguna manera fracasado.
Lo que vino después fueron las experiencias más enriquecedoras de mi vida.
Me despedí de mi familia y pasé el control de seguridad del aeropuerto de Santiago de Compostela. Mientras me dirigía a la puerta de embarque, pensaba en los pocos recursos que tenía para empezar de cero en una ciudad que se me quedaba inmensamente grande. sin embargo tenía lo más importante: ilusión y ganas de comerme el mundo.
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