domingo, 3 de febrero de 2013

Los afortunados

Vamos a morir. Y eso nos convierte en los afortunados.
La mayoría de la gente no morirá nunca, porque no van a nacer nunca.
La gente que potencialmente podría haber estado aquí en mi lugar, pero que de hecho nunca verán la luz del día, supera con creces el número de granos de arena del Sahara.
Sin duda entre esos espíritus no nacidos hay poetas más grandes que Keats, científicos más grandes que Newton...
Sabemos esto porque el conjunto de personas posibles que permite nuestro ADN, supera masivamente al conjunto de personas que existen.
A pesar de esta abrumadora pequeña posibilidad, somos tú y yo, en nuestra normalidad, los que estamos aquí.
Nosotros, los pocos privilegiados que ganamos la lotería de nacer contra todo pronóstico, ¿Cómo osamos lloriquear por nuestro inevitable regreso a ese estado previo del que la inmensa mayoría jamás escapó?