viernes, 20 de abril de 2012

Sálvese quien pueda

El porque de una dura realidad en España, la fuga de cerebros. Por si a alguno no le hubiera quedado claro.
Así lo cuenta uno de esos cerebros, Alfonso Rodriguez Dono, desde su propia experiencia.
Un punto de inflexión que debería hacernos reflexionar.

FUGA DE CEREBROS

Mi nombre es Alfonso Rodríguez Dono. Soy Doctor Ingeniero de Minas y Máster en Aprovechamiento Sostenible de los Recursos Minerales. Quiero dedicarme a la docencia e investigación y, tal y como se están desarrollando los acontecimientos, no veo futuro para mí en España.

He terminado mi doctorado el junio pasado (año 2011) y tras ello, he intentado dar clase en alguna universidad. Pero es muy difícil: hay muy pocas plazas y es muy difícil acceder a las que hay. Además, he solicitado acreditación como Profesor Ayudante Doctor, una figura contractual que permite acceder a algunos puestos específicos de docencia en la Universidad, pero me la han denegado porque a pesar de mis méritos en investigación, no tengo méritos en docencia. Pero, ¿cómo se adquieren méritos en docencia?

Durante mi etapa de investigación en la Universidad de Vigo siempre he estado interesado en dar alguna clase por diversos motivos: para coger experiencia, para confirmar que me quiero dedicar a eso y, en tercer lugar, para hacer currículum. Pero nunca ha sido posible impartir ninguna asignatura, pues no quedaba ninguna asignatura libre una vez otorgadas las horas que corresponden a los profesores actualmente contratados. Por lo tanto, no me fue posible adquirir experiencia. Por otro lado, los pocos puestos que hay en otras universidades normalmente se conceden a gente “de confianza” o gente que ya tiene experiencia docente (a saber cómo). Por tanto, no puedo ser docente porque no tengo experiencia y como no tengo experiencia no puedo ser docente, así que me pregunto: ¿Cómo se sale de este círculo vicioso?

Este año, tras denegarme la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) la acreditación como profesor, he publicado un artículo científico (uno más) y un libro. Creo que ahora incluso sin experiencia docente podría acceder a un puesto de Profesor Ayudante Doctor, ya que me faltaban muy pocos puntos. No así en la ACSUG (la hermana gallega de la ANECA), donde piden un mínimo de experiencia docente al que no puedo aspirar sin conseguir eso mismo: experiencia docente. Sin embargo, hay muy pocos de estos puestos y muchos tienen “bicho” (o como algunos dicen suavemente: “hay que tener contactos”). De todos modos, estoy seguro de que no es imposible conseguirlo.

Sin embargo, las perspectivas no son halagüeñas: el nuevo gobierno no considera la investigación una prioridad estratégica, como lo demuestra el recorte de casi el 26% que ha sufrido la secretaría de estado que se ocupa de estos menesteres, que ya no tiene ni rango de ministerio. En particular, las inversiones en programas de investigación se reducen en un 34% y los contratos de investigación postdoctorales se reducen un 43% (es decir, casi a la mitad). La política del gobierno es que los puestos de investigación que vayan quedando vacantes como consecuencia principalmente de jubilaciones no se cubran. Con este panorama, amigos míos, poco futuro le veo a la investigación (y a los investigadores) en España.

Por si fuera poco, los recortes en educación y la previsible subida de las tasas universitarias, hacen prever un descenso en el número de alumnos universitarios, además de que la educación cada vez es menos “para todos”.

Todo este panorama, que se puede ver más o menos catastrófico, desde luego sería asumible (aunque no se comparta en absoluto) si no hubiera otras opciones. El problema (o la solución, según se mire) es que sí hay otras opciones.

A diferencia de nosotros, algunos países siguen o han empezado a apostar fuertemente por la investigación como motor de futuro. Es el caso, por ejemplo, de algunos países sudamericanos, como Brasil y Chile, de los que he recibido muy buenas ofertas que, más pronto que tarde, me llevarán a salir de mi querido país. Allí es muchísimo más fácil conseguir un empleo de docencia e investigación, nos valoran mucho más (cualquiera que haya trabajado allí lo sabe) y hasta nos pagan más (mucho más). Por cierto, ¿sabíais que en Brasil las empresas tienen que invertir, por ley, un 1% de sus ganancias en investigación? ¿Sabíais que la mitad de ese 1% tiene que ser investigación externa (es decir, a través de una universidad por ejemplo)?

Pues ésta es la realidad o, más bien, algunas pinceladas de la realidad. Amigos míos, “alea iacta est” (la suerte está echada); sálvese quien pueda!

Alfonso Rodríguez Dono