martes, 26 de abril de 2016

No confundamos religión con espiritualidad

La religión es una institución dogmática que manipula las ideologías de los diversos grupos humanos. Sin embargo, la espiritualidad es la consciencia del mismo ser dentro del mundo y el universo. Es la naturaleza esencial del ser humano, el cual es capaz de percibirla, en mayor o menor grado, más allá de creencias, dogmas e instituciones organizadas.

lunes, 25 de abril de 2016

Diferencias fundamentales


Infidelidad de Eva

-Eva, ¿me has engañado con otro?
-¡Qué tonterías dices Adán! estamos solos sobre la tierra.
-¿Y ese pequeño personaje de ahí?
-Ah, Jordi Hurtado... es solo un amigo.

Hasta que el sistema nos lo impone


sábado, 16 de abril de 2016

El juicio

Hace mucho tiempo, en la Edad Media, un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de asesinato. El culpable era una persona muy influyente del reino, y por eso desde el primer momento se procuró hallar un chivo expiatorio para encubrirlo. El hombre fue llevado a juicio y comprendió que tendría escasas oportunidades de escapar a la horca. El juez, aunque también estaba confabulado, se cuidó de mantener todas las apariencias de un juicio justo. Por eso le dijo al acusado: “Conociendo tu fama de hombre justo, voy a dejar tu suerte en manos de Dios: escribiré en dos papeles separados las palabras 'culpable' e 'inocente'. Tú escogerás, y será la Providencia la que decida tu destino”.
Por supuesto, el perverso funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: “Culpable”.
La víctima, aún sin conocer los detalles, se dio cuenta de que el sistema era una trampa. Cuando el juez lo conminó a toma uno de los papeles, el hombre respiró profundamente y permaneció en silencio unos segundos con los ojos cerrados.Cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y, con una sonrisa, tomó uno de los papeles, se lo metió a la boca y lo engulló rápidamente. Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon.
—Pero, ¿qué ha hecho? ¿Ahora cómo diablos vamos a saber el veredicto?
—Es muy sencillo —replicó el hombre—. Es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué.
Con refunfuños y una bronca muy mal disimulada, debieron liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo.