miércoles, 28 de noviembre de 2012

El hijo y el padre malvado

En un pueblo de la provincia de Izumo vivía un campesino tan pobre que cada vez que su mujer daba a luz a un hijo, lo arrojaba al río. Seis veces renovó el sacrificio. Al séptimo alumbramiento, consideróse ya suficientemente rico como para conservar al niño y educarlo. Poco a poco, con gran sorpresa suya, fue encariñándose con el pequeño. Una noche de verano se encaminó a su jardín con el infante de cinco meses en brazos. La noche, iluminada por una luna inmensa, era tan resplandeciente que el campesino exclamó: -¡Ah, qué noche tan maravillosamente hermosa! Entonces el niño, mirándolo fijamente y expresándose como persona mayor, dijo: —¡Oh, padre, la última vez que me arrojaste al agua, la noche era tan hermosa como ésta, y la luna nos miraba como ahora...!

- Lafcadio Eran