Envenenamos nuestra agua y nuestro aire, y así nos deshacemos de los más débiles.
Hacemos estallar bombas atómicas y químicas en la única biosfera que tenemos.
Matamos y torturamos a personas que no conocemos de nada.
Clavamos a nuestro Dios en un trozo de madera.
Mejor no jugársela con la raza humana.
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