martes, 31 de marzo de 2009

18- EL BAR MADRID, INTERNATIONAL HOUSE Y EL BAR PEPE

"Haz lo que puedas con lo que tengas, estés donde estés" (Theodore Roosevelt)

Empecé a trabajar en el Bar
Madrid a finales del año 96, recomendado por Antón, que trabajaba allí.
El Bar Madrid es un bar de copas que está en Winsley Street, una boca calle de Oxford Street.
Nuestro horario era de 10 de la mañana a 6 de la tarde, y de lunes a viernes. Éramos cuatro personas encargadas de la limpieza y mantenimiento de las instalaciones: Yo, Antón, Eugenio y Jack.
Jack era el chapuzas, encargado de arreglar todo lo que se estropeaba: luces, altavoces, puertas, grifos, bisagras, etc.
Las cosas se rompían y estropeaban continuamente, precisamente porque él las había arreglado. a veces se tiraba una mañana entera para poner un azulejo en la pared o cambiar un enchufe.

Y yo, Antón y Eugenio, éramos los encargados de limpiar el local, y dejarlo listo para la noche. Teníamos que hacer esto en 8 horas, cosa bastante difícil porque era una tarea de 2 o 3 horas que teníamos que prolongar.
Yo me entretenía bastante con Jack, echándole una mano con sus chapuzas. Sujetándole alguna bombilla o tornillo. Y de paso practicaba inglés, ya que él era autóctono.
Eugenio era de Cartagena, y llevaba poco trabajando allí. Vivía en una residencia enttag
Swiss Cottage. Enseguida hice buenas migas con él cuando descubrí que, la música que escuchaba en aquellos auriculares de los 90, era de Rosendo.

Poco después de empezar en el Bar Madrid, comencé a ir a clases de inglés tres veces por semana, después del trabajo.
Iba a una academia fantástica que estaba en Green Park: "International House". Eran unas clases muy económicas impartidas por profesores en prácticas. Fui asiduo de esta academia durante 3 meses, en los que conocí a gente estupenda. En la clase a la que iba, éramos unos 14 o 15, entre los cuales sumábamos unas 10 nacionalidades distintas.
Había uno que era de "Djibouti", un pequeño país, perdonad mi ignorancia, del que yo nunca había oído hablar. Que esta entre Somalia y Etiopía, y bañado por el mar Rojo.

Las clases normales en "International House", eran más caras, y la mayoría de los estudiantes eran japonesas provenientes de familias adineradas, que vivían en pisos de lujo compartidos.
Cada dos semanas se organizaba una fiesta en la cantina, donde estudiantes y profesores comfraternizábamos.

También, en esa época conocí el Bar Pepe, que está en una callejuela escondida cerca de Tottenham Court road. Hoy en día es un garito bastante conocido entre la comunidad hispana. Y durante el fin de semana esta siempre abarrotado entre las 2 y las 5 de la mañana. Pero en el año 96 era otra cosa.
La primera vez que fui al Bar Pepe, Era, creo que un viernes a las 3 y media de la madrugada. Estábamos, yo, Eugenio, y alguien más. Habíamos quedado con Agustín, que trabajaba de barman en el Bar Madrid. Nos dijo que sabía de un sitio en el centro para ir a tomar la última. Y que aún permanecía abierto cuando todos los bares de copas cerraban.

Así que nos fuimos a un tal Bar Pepe. Nos metimos por una callejuela poco iluminada y nos paramos frente a una puerta. Pero allí no había ningún bar. Agustín pulsó el botón del portero automático y una voz preguntó quien era, él le dio su particular contraseña y la puerta se abrió.
Recorrimos un estrecho pasillo hasta llegar a unas empinadas escaleras de caracol que conducían a un sótano. Abajo había una especie de barra y dos áreas a diferentes niveles, con una mesa en cada zona. Y en una esquina un baño diminuto y muy precario, en el que apenas cogía una persona. Y para cerrar y abrir la puerta desde dentro tenías que ser un contorsionista.
Todo el local tendría unos 40 metros cuadrados. La salida de incendios era una trampilla en una esquina del techo, a la que sea accedía mediante una escalera metálica apoyada en la pared.
En una de las mesas había unos personajes de avanzada edad jugándose el dinero al pocker. Fumaban sin parar y bebían cerveza San Miguel.
El Barman era Pepe, un gallego menudo que tendría unos 50 años. Usaba botas de cuero y tacón alto (sin espuelas), un chaleco de cuero negro y unos vaqueros ajustados. Era un individuo muy agudo y divertido, con un toque de chulería.
Después estaba Gregorio, un andaluz corpulento, con una gran panza y un gran bigote. Digamos que era el encargado del control de accesos al local. Aunque cuando le vi por primera vez, pensé que era un parroquiano que había bebido más de la cuenta, porque estaba sentado a una mesa con la cabeza y los brazos desplomados sobre ella, y durmiendo la mona. Pero a las seis y media, más o menos, se despertaba repentinamente y vociferando y tocando las palmas echaba a todo el mundo del local:
- "¡Venga, coño, a emborracharse a vuestras casas, que ya está bien, hombre!"
Una vez, una amiga nuestra se sentó en el regazo de Eugenio, porque no había sitio a la mesa para todos. Y Gregorio se les acercó todo cabreado y les dijo en voz alta:
- "¡Oye, si queréis follar, a vuestra casa eh... Aquí nada de cosas raras...!"

Pero como ya he dicho antes, ahora el Bar Pepe es otra cosa. Ya no se va allí a jugar al pocker, ahora es un bar de copas muy concurrido. En la entrada hay dos tipos para controlar el acceso. Y Pepe ya no trabaja allí.
Advertencia: El Bar Pepe no es apto para claustrofóbicos.