viernes, 16 de enero de 2009

8- A LA CAZA DE UN EMPLEO

"SI NO CREES QUE CADA DÍA ES UN BUEN DÍA, PRUEBA A PERDERTE UNO"

A las siete de la mañana sonó el despertador. Abrí los ojos y dudé unos instantes, había vuelto a soñar que todo era un sueño.
En fin, me alegré de estar donde estaba y me preparé para empezar mi primer día de "job hunting". Abrí la mini-nevera, me tapé la nariz y engullí un trago de leche. La leche a palo seco siempre me dio nauseas, pero no tenía otra cosa a mano. Jamás pensé que pudiera hacerlo, pero como todo lo demás, nunca sabes de lo que eres capaz hasta que lo intentas.

A las siete y media pasadas ya estaba en la estación de metro de "Queen's Park", con mi mochila y mi mapa. Empezaría mi búsqueda por "Oxford Street" y "Bond Street", para después, si me quedaba tiempo, continuar por "Covent Garden".

Recorrí todos los restaurantes, hoteles, bares y demás preguntado si había vacantes, pero no hubo suerte. Luego cogí el metro para dirigirme a "Covent Garden", pero me equivoqué de linea y fui a parar a la estación de "Waterloo". Aproveche que estaba allí para rastrear la zona, pero básicamente me enfrentaba a un problema de comunicación con cualquiera que hablara, o bien me decían que no hablaba bien Inglés, o que no era la mejor época, o yo que sé que me decían.

Después de todo el día de aquí para allá, ya estaba hasta la coronilla de tanto "I am looking for a job", así que cogí el metro para regresar a la residencia. Cuando salí del metro en Queen's Park ya había anochecido, miré el reloj y aún no eran las cinco de la tarde. -¡Hay va la hostia!-. La temperatura era de seis grados bajo cero y caían algunos copos de nieve que no llegaban a cuajar.

En la residencia la calefacción estaba siempre a tope, y aunque en la calle hubiera 6 grados bajo cero, cuando entrabas te tenías que quitar todo y quedarte en mangas de camisa, si no querías asfixiarte de calor.
Cuando llegué estaba agotado, me duché y esperé a que llegara todo el mundo. Aproveché para estudiar un poco. Al día siguiente tenía una cita en una especie de agencia laboral para recién llegados. En el plazo de un par de semanas, se suponía que te conseguían seis entrevistas de trabajo adecuadas al nivel de Ingles que tuvieses. Si en esas seis entrevistas no encontrabas un empleo, ahí se acababa su servicio.

Esa noche cuando llegó todo el mundo a casa, nos reunimos unos cuantos en la habitación de Paolo y Fabio, que era la habitación más grande que había en la casa, y a veces nos imaginábamos que era el salón. A falta de salón, la habitación de Paolo y Favio.
Después llegó Vicente, y como sabíamos que sabía tocar la guitarra, le pedimos que se la bajara y nos diera un concierto.Nos sentamos en el suelo y tocamos, cantamos y reímos. Yo personalmente aluciné con el repertorio acústico de Vicente.

Cuando alguien nuevo llegaba a la casa, se integraba inmeditamente, era como si nos conociéramos de toda la vida, a pesar de que solo estábamos allí de paso o en tránsito, y buscando un sitio más asequible para vivir.
A veces comentábamos entre nosotros que si nos subiésemos conocido en cualquiera de nuestros lugares de origen, probablemente nunca llegaríamos a entablar ninguna amistad o vinculo social ya que proveníamos de áreas sociales y culturales muy distintas. Sin embargo en Londres, en aquella casa, nuestras vidas se cruzaban.